Poesía

Nada

Era un pobre diablo que siempre venía cerca de un gran pueblo donde yo vivía; joven, rubio y flaco, sucio y mal vestido, siempre cabizbajo... ¡Tal vez un perdido! Un día de invierno lo encontraron muerto dentro de un arroyo próximo a mi huerto, varios cazadores que con sus lebreles catando marchaban... Entre sus papeles no encontraron nada... Los jueces de turno hicieron preguntas al guardían nocturno: Nada Carlos Pezoa Véliz éste no sabía nada del extinto; ni el vecino Pérez, ni el vecino Pinto. Una chica dijo que sería un loco o algún vagabundo que comía poco, y un chusco que oía las conversaciones se tentó de risa... ¡Vaya, unos simplones! Una paletada le echó el panteonero; luego lió un cigarro, se caló el sombrero y emprendió la vuelta... Tras la paletada, nadie dijo nada, nadie dijo nada.

Carlos Pezoa Veliz

***

Tristeza

Hoy tengo en el corazón
Un vago sabor a tristeza
La vida pasa
Pasa sin darnos cuenta
Las campanas suenan en la meta
El esfuerzo continúa
El camino se hace más pesado
Pero la voluntad está
Hoy tengo en el corazón
Un vago sabor de tristeza

Jaime Calderon Riveros
(Abril, 2017)

***
Testigo

El blanco sobre el blando. Soy testigo de la angustia. He visto caer miradas en las palmas de las manos.

Conozco la piel quebrada de los bosques. El aire frio de las fogatas, la inmundicia tibia y húmeda de las multitudes, la propagación incontrolable de los grises.

He escuchado al niño llorando con lágrimas avergonzadas, a su madre desapareciendo bajo los faroles amarillos.

He visto corretear a perros hambrientos y palomas sucias, a cuchillos blandiendo rabia en manos enguantadas. Reconozco la patética carcajada de los ebrios.

Me duele el descenso de la noche sobre las camas violentas, el grito de los rincones olvidados, los parpados atrapados en telarañas.

Conozco el tejido de encrucijadas y los rojos desatados. Descubro cuando se expande la sangre en los perfiles afilados de los hombres: un aroma fusionado con dolor, nítido como oxigeno de los puentes.

He visto transeúntes deambular por callejones, infinitos de espaldas con las manos en los abrigos y sombreros altos. Sobre ellos se alarga la inmensidad. El vacio se asemeja a la intemperie de las calles, a la tristeza que habita bajo los techos.

He visto morir lo cotidiano y al blanco desaparecer de la luna.

Lucas Palacios

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El Principito


Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona mayor. Tengo una seria excusa: esta persona mayor es el mejor amigo que tengo en el mundo. Tengo otra excusa: esta persona mayor es capaz de entenderlo todo, hasta los libros para niños. Tengo una tercera excusa: esta persona mayor vive en Francia, donde pasa hambre y frío. Verdaderamente necesita ser consolada. Si todas estas excusas no bastasen, bien puedo dedicar este libro al niño que una vez fue esta persona mayor. Todos los mayores han sido primero niños. ( pero pocos lo recuerdan.) Coriijo, pues, mi dedicatoria:

A León Werth
(cuando era niño)

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Señores Guardias Civiles

Señores guardias civiles
Aquí paso lo de siempre
Han muerto cuatro romanos
y cinco cartagineses

Federico García Lorca

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Despedida

Si muero
dejad el balcón abierto

El niño come naranjas
(desde mi balcón lo veo)

El segador siega el trigo
(desde mi balcón lo siento)

¡ Si muero
dejad el balcón abierto!

Federico García Lorca

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Es olvido

Juro que no recuerdo ni su nombre,
más moriré llamándola María
no por simple capricho de poeta:
por su aspecto de plaza de provincia.
¡Tiempos aquellos! Yo un espantapájaros,
ella una joven pálida y sombría.
Al volver una tarde del liceo
supe de la su muerte inmerecida
nueva que me causo tal desengaño
que derramé una lágrima al oírla.
Una lágrima, sí, ¡quien lo creyera!
y eso que soy persona de energía.
Se he de conceder crédito a lo dicho
por la gente que trajo la noticia
debo creer, sin vacilar un punto,
que murió con mi nombre en las pupilas,
hecho que me sorprende, porque nunca
fue para mi otra cosa que una amiga.
nunca tuve con ella más que simples
relaciones de estricta cortesía
nada más que palabras y palabras
y una que otra mención de golondrinas.
La conocí en mi pueblo (de mi pueblo
sólo queda un puñado de cenizas),
pero jamás vi en ella otro destino
que el de una joven triste y pensativa.
Tanto fue así que llegue a tratarla
con el celeste nombre de María,
circunstancia que habla claramente
la exactitud central de mi doctrina.
Puede ser que una vez la haya besado,
¡quien es el que no besa a sus amigas!
Pero tened presente que lo hice
sin darme cuenta bien de lo que hacía.
No negaré , eso sí, que me gustaba
su inmaterial y vaga compañía
que era como el espíritu sereno
que a las flores domésticas anima.
Yo no puedo ocultar de ningún modo
la importancia que tuvo su sonrisa
ni desvirtuar el favorable influjo
que hasta en las mismas piedras ejercía.
Agreguemos, aún, que de la noche
fueron sus ojos fuente fidedigna.
Más a pesar de todo, es necesario
que comprendan que yo no la quería
sino co ese vago sentimiento
con que a un pariente enfermo se designa.
Sin embargo, sucede, sin embargo,
lo que a esta fecha aún me maravilla,
ese inaudito y singular ejemplo
de morir con mi nombre en las pupilas,
ella, múltiple rosa inmaculada
ella que era una lámpara legítima.
Tiene razón, mucha razón, la gente
que se pasa quejando noche y día
de que el mundo traidor en que vivimos
vale menos que rueda detenida:
mucho más honorable es una tumba,
vale más una hoja enmohecida,
nada es verdad, aquí nada perdura,
ni el color del cristal con que se mira.
Hoy es un día azul de primavera
creo que moriré de poesía
de esa joven melancólica
no recuerdo ni el nombre que tenía.
Sólo se que pasó por este mundo
como una paloma fugitiva:
la olvidé sin quererlo lentamente,
como todas las cosas de la vida.

Nicanor Parra

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Al oído de una muchacha

No quise.
No quise decirte nada.
Vi en tus ojos
Dos arbolitos locos.
De brisa, de risa, de oro.
Se maneaban.
No quise.
No quise decirte nada.

Federico García Lorca

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Los Detractores de la Poesía

Va a tener que pedirnos perdón de rodillas
Ha quedado de manifiesto
Que se le puede hacer pelea a la prosa:
La cenicienta de las bellas letras
No tiene nada que envidiar a sus hermanastras

Goza de buena salud
En opinión de justos y pecadores
Señores Fukuyama
Gombrowicz
Stendhal
Platón & Cía. Ilimitada

Nicanor Parra (Discursos de Sobremesa)

***



Baile
La Carmen esta bailando
por las calles de Sebilla.
Tiene blancos los cabellos
y radiantes las pupilas.

¡ Niñas,
corred las cortinas!
En su cabeza se enrosca
una serpiente amarilla,
y va soñando en el baile
con galanes de otros días.
¡Niñas,
corred las cortinas!

Las calles están desiertas
y en los fondos se adivinan,
corazones andaluces,
buscando viejas espinas

¡Niñas,
corred las cortinas!

Federico García Lorca

***

La casada infiel

Y que yo me la llevé al río
creyendo que era mozuela,
pero tenía marido.
Fue la noche de Santiago
y casi por compromiso.
se apagaron los faroles
y se encendieron los gillos.
En las últimas esquinas
toque sus pechos dormidos,
y se me abrieron de pronto
como ramos de jacintos
el almidón de su enagua
me sonaba en el oído
como una pieza de seda
rasgada por diez cuchillos
sin luz de plata en sus copas
los árboles han crecido,
y un horizonte de perros
ladra muy lejos del río.
Pasadas las zarzamoras
los juncos y los espinos,
bajo su mata de pelo
hice un hoyo sobre el limo.
Yo me quité la corbata.
ella se quitó el vestido.
yo el cinturón con revolver.
ella sus cuatro corpiños.
Ni nardos ni caracolas
tienen el cutis tan fino,
ni los cristales con luna
relumbran con ese brillo.
Sus muslos se me escapaban
como peces sorprendidos
la mitad llenos de lumbre
la mitad llenos de frío.
Aquella noche corrí
el mejor de los caminos
montado en potra de nácar
sin bridas y sin estribos.
No quiero decir, por hombre
las cosas que ella me dijo.
la luz del entendimiento
me hace ser muy comedido.
sucia de besos y arena,
yo me la lleve del río.
con el aire se batían
las espadas de los lirios.
Me porté como quien soy.
como un gitano legítimo.
Le regalé un costurero
grande de razo pajizo,
y no quise enamorarme
porque teniendo marido
me dijo que era mozuela
cuando la llevaba al río.

Federico García Lorca

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Otro Sueño

¡Una golondrina vuela
Hacia muy lejos!....
Hay floraciones de rocío
sobre mi sueño,
y mi corazón da vueltas
lleno de tedio
como un tiovivo en que la Muerte
pasea a sus hijuelos.

¡Quisiera que estos árboles
atar al tiempo
con un cable de noche negra,
y pintar luego
con mi sangre las riveras
pálidas de mis recuerdos!

¿Cuántos hijos tiene la muerte?
¡Todos están en mi pecho!
¡Una golondrina viene
de muy lejos!

Federico García Lorca

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Madrigal

Yo te miré a los ojos
cuando era niño y bueno.
Tus manos me rozaron
Y me diste un beso
(Los relojes llevan la misma cadencia,
y las noches tienen las mismas estrellas.)

Y se abrió mi corazón
como una flor bajo el cielo,
los pétalos de lujuria
y los estambres de sueño
(Los relojes llevan la misma cadencia,
y las noches tienen las mismas estrellas.)
En mi cuarto sollozaba
como el príncipe del cuento
por Estrellita de oro
que se fue de los torneos
(Los relojes llevan la misma cadencia
y las noches tienen las mismas estrellas.)
Yo me alejé de tu lado
queriéndote sin saberlo.
No sé como son tus ojos,
tus manos y tus cabellos.
Sólo me queda en la frente
La mariposa del beso.
(Los relojes llevan la misma cadencia
y las noches tienen las mismas estrellas.)

Federico García Lorca

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Canción Otoñal

Hoy siento en el corazón
un vago temblor de estrellas
pero mi senda se pierde
en el alma de la niebla.
La luz me troncha las alas
y el dolor de mi tristeza
va mojando los recuerdos
en la fuente de la idea
Todas las rosas son blancas
tan blancas como mi pena
y no son las rosas blancas,
que ha nevado sobre ellas.
antes tuvieron el iris.

También sobre el alma nieva.
La nieve del alma tiene
copos de besos y escenas
que se hundieron en la sombra
o en la luz del que las piensa.

La nieve cae de las rosas,
pero la del alma queda,
y la garra de los años
hace un sudario con ellas.

¿Se deshelara la nieve
cuando la muerte nos lleva?
¿O después habrá otra nieve
y otras rosas más perfectas?
¿Será la paz con nosotros
como Cristo nos enseña?
¿O nunca será posible
la solución del problema?

¿Y si el amor engaña?
¿Quién la vida nos alienta
si el crepúsculo nos hunde
en la verdadera ciencia
del bien que quizás no exista.
y del mal que late cerca?
¿Si la esperanza se apaga
y la de Babel se comienza,
qué antorcha iluminará
los caminos de la tierra?
¿si el azul es un ensueño
que será de la inocencia?
¿Qué será del corazón
si el Amor no tiene flechas?
¿Si la muerte es la muerte,
que será de los poetas
y de las cosas dormidas
que ya nadie recuerda?
¡Oh sol de la esperanzas!
¡Agua clara! ¡Luna nueva!
¡Corazones de los niños!
¡Alma rudas de las piedras!
Hoy siento en el corazón
un vago temblor de estrellas
y todas las rosas son
tan blancas como mi pena.
El cielo es de ceniza,
Los árboles son blancos

Federico García Lorca

***

Romance Sonambulo

Verde que te quiero verde.
Verde viento, verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
bajo la luna gitana,
las cosas las están mirando
y ella no puede mirarlas.

Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
Con la lija de las ramas,
y el monte, gato garduño
eriza sus pitas agrias.
¿ Pero quien vendrá? ¿ Y por donde…?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde
soñando en la mar amarga,
Compadre quiero cambiar
mi caballo por su casa
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
desde los puertos de Cabra.
Si yo pudiera, mocito,
ese trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa ya no es mi casa.
Compadre, quiero morir
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda.
¿ No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?
Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
¡dejadme subir! dejadme
hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna
Por donde retumba el agua.
Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata
Mil panderos de cristal,
harían la madrugada
Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
¡Compadre! ¿ donde está, dime?
¿Dónde está tu niña amarga?
¡ Cuantas veces te esperó
¡Cuantas veces te esperara,
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!
Sobre el monte del aljibe
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
Con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
La sostiene sobre el agua.
La noche se puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos
En la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar.
El caballo en la montaña.
La noche se puso íntima
Como una pequeña plaza
Señores guardias civiles
Aquí paso lo de siempre
Han muerto cuatro romanos
y cinco cartagineses

Federico García Lorca

***

Hoy está de santo la reina

¡que se levanten los caracoles!
El sol, la luna, las estrellas
(hoy está de santo la reina)
día a día , noche a noche
tenerla cerca es un ensueño
(hoy está de santo la reina)
las flores blancas y rojas
cantan los finos ruiseñores
(hoy está de santo la reina)

hoy ....hoy mismo
está de santo la reina
¡que se levanten los caracoles!
El sol la luna las estrellas

Jaime Guillermo (mayo, 2001)

***

1 comentario:

Matrioshka dijo...

Sin palabras
(A Nicanor Parra)


Nada digo,
Nicanor,
magro embutido
de ángel y demonio

Nada opino,
profesor,
insigne profeta
en la tierra propia

Nada enjuicio,
creador,
hombre de fuego
bajo hielo y pedernal

Ya se acerca, caudaloso,
tu río-verbo irruptor

Tan lejana de tu dama imaginaria
permanezco a la vera del camino
y tu voz, que me alcanza,
ahoga la mía

(Carolina Grekin – Isla Negra 2017)