lunes, 15 de junio de 2026

Establishment versus modernización

Jaime Calderón Riveros
Ingeniero Comercial (Fen Universidad de Chile)

El Gobierno ha anunciado nuevas comisiones para enfrentar los problemas de salud. Convocar expertos siempre puede aportar miradas valiosas, pero la realidad obliga a formular una pregunta incómoda: ¿Chile necesita más diagnósticos o más decisiones?

La célebre frase atribuida al expresidente Ramón Barros Luco mantiene plena vigencia: cuando un problema es demasiado grande, se nombra una comisión. Puede parecer una caricatura, pero encierra una verdad difícil de ignorar Existen informes, propuestas y diagnósticos más que suficientes. Basta recordar el Informe Caldera, impulsado por el exministro Carlos Massad, entre muchos otros esfuerzos. Lo que falta no es conocimiento; es liderazgo político para impulsar transformaciones estructurales que permitan entregar mejores respuestas a los pacientes.

Afortunadamente, parece consolidarse un consenso básico: el centro de toda política pública en salud debe ser el paciente. Lo relevante no es si la solución proviene del sector público o privado, sino si las personas reciben atención oportuna, de calidad y con dignidad. Un buen ejemplo es la alerta sanitaria del cáncer. La discusión no puede seguir atrapada en quién presta el servicio, sino en quién resuelve efectivamente el problema de salud del ciudadano.

El primer desafío es modernizar el Estado. La estructura orgánica del Ministerio de Salud fue concebida para una realidad muy distinta. Hoy Chile enfrenta los desafíos propios de una población que envejece aceleradamente, estimándose según el INE que para el 2050 1 de 4 chilenos tendrá sobre 65 años, con una creciente prevalencia de enfermedades crónicas, problemas de salud mental y una demanda cada vez mayor por atención especializada.

Por ello, resulta indispensable que Salud y Hacienda lideren conjuntamente una profunda reforma de la institucionalidad sanitaria. El Ministerio debe concentrarse en la definición estratégica y la conducción de las políticas públicas, apoyado por equipos multidisciplinarios que integren no solo médicos, sino también enfermeras, tecnólogos médicos, matronas, ingenieros, arquitectos, administradores y economistas. La salud moderna exige una mirada integral. Un Fonasa como seguro público orientado al paciente para que tenga acceso igualitario y oportuno a los servicios de salud.

Los hospitales públicos también requieren una nueva gobernanza. Gobiernos corporativos, gerencias profesionales, metas de productividad y mecanismos efectivos de rendición de cuentas como en los centros sanitarios más avanzados. La gestión importa, y mucho. Sin una administración moderna será imposible responder a las crecientes necesidades de la población. Resulta legítimo preguntarse por qué los hospitales públicos aún carecen de estructuras gerenciales comparables a las de organizaciones de similar complejidad. A ello se suma el persistente problema de las compras públicas y los conflictos de interés, que generan importantes ineficiencias y sobrecostos para el sistema.

La transformación digital debe convertirse en una prioridad nacional. Una ficha clínica electrónica interoperable permitiría integrar la atención pública y privada, evitar duplicidades, mejorar la continuidad de los tratamientos y optimizar el uso de los recursos. Del mismo modo, es urgente implementar plataformas tecnológicas robustas e independientes para la gestión y fiscalización de las licencias médicas.

Sin embargo, la reforma más importante debe producirse fuera de los hospitales. Los principales problemas sanitarios no nacen en los consultorios, las urgencias o los pabellones quirúrgicos. Se originan en el entorno de las personas, en sus hábitos, condiciones de vida y oportunidades de prevención.

Chile necesita construir un verdadero sistema nacional de salud preventiva, una de las principales debilidades que dejó en evidencia la pandemia. Ello implica fortalecer la medicina familiar, desarrollar programas eficaces contra la obesidad infantil, ampliar la cobertura de salud mental, reforzar la atención odontológica y promover la educación sanitaria desde la infancia.

La evidencia es contundente: cada peso invertido en prevención genera beneficios sanitarios y económicos muy superiores a los obtenidos cuando la enfermedad ya está instalada. La antigua sabiduría china lo resumía con claridad: el mejor médico es aquel que evita que sus pacientes enfermen. Bajo esta lógica, resulta indispensable coordinar centros de salud familiar, municipios, mutualidades y prestadores públicos y privados en una estrategia común que amplíe el acceso a exámenes preventivos, mamografías, colonoscopías y diagnósticos por imágenes. La detección precoz salva vidas y reduce costos para todo el sistema.

La salud chilena continúa atrapada en estructuras administrativas propias del siglo pasado. Mientras tanto, la tecnología, la gestión moderna y la economía de la salud ofrecen herramientas capaces de mejorar significativamente la atención de millones de personas. El problema es que muchos de estos cambios encuentran resistencia en un establishment que suele sentirse más cómodo administrando las deficiencias que impulsando transformaciones profundas.

Chile no necesita otra comisión para descubrir lo que ya sabe. Necesita decisión política para hacer las reformas que durante años se han postergado. Porque detrás de cada lista de espera, de cada consulta retrasada y de cada tratamiento pendiente, hay una persona que no puede seguir esperando.

La verdadera pregunta no es qué debemos hacer. Eso ya lo sabemos. El desafío es cuándo tendremos el coraje de modernizar, de una vez por todas, el sistema de salud que los chilenos merecen.

Santiago, junio de 2026

domingo, 7 de junio de 2026

Los 100 años del Dr. Fernando Monckeberg: un legado de mirar la salud con criterio de Estado

Jaime Calderón Riveros
Ingeniero Comercial (Fen, Universidad de Chile)

El Dr. Fernando Monckeberg Barros acaba de cumplir 100 años. Su trayectoria constituye uno de los ejemplos más notables de liderazgo público en la historia reciente de Chile. En los años sesenta, cuando la desnutrición infantil afectaba a gran parte de la población y representaba uno de los principales signos del subdesarrollo, comprendió que el problema exigía una mirada integral y una política de Estado de largo plazo.

Su aporte fue mucho más allá de la medicina clínica. Impulsó programas materno-infantiles, fortaleció el control del niño sano, promovió mejoras en el acceso al agua potable y lideró la creación del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA). Gracias a una estrategia multidimensional y sostenida en el tiempo, Chile logró reducir drásticamente la desnutrición infantil y transformar uno de sus mayores problemas sanitarios en un caso de éxito reconocido internacionalmente.

La principal enseñanza de Monckeberg no radica únicamente en los resultados obtenidos, sino en su capacidad para comprender que los desafíos de salud deben enfrentarse con visión estratégica, coordinación institucional y sentido de urgencia.

Hoy Chile enfrenta una crisis sanitaria de naturaleza distinta, pero igualmente grave. Millones de personas esperan una consulta médica, cientos de miles aguardan una intervención quirúrgica y persisten importantes retrasos en la atención de enfermedades complejas, entre ellas el cáncer. A ello se suman incumplimientos en garantías Ges de acceso y crecientes dificultades de gestión en la red asistencial.

Sin embargo, el debate público suele concentrarse en la estructura institucional del sistema más que en los resultados para los pacientes. Con frecuencia se discute quién administra los recursos, pero menos cómo garantizar una atención oportuna, de calidad y centrada en las personas. El paciente debería ser el eje de toda política pública de salud, independientemente de si recibe atención a través de un seguro público o privado. Lo relevante no es la naturaleza del prestador, sino la capacidad efectiva de resolver los problemas de salud de los ciudadanos.

Para avanzar se requiere liderazgo político y una profunda modernización del Estado. El Ministerio de Salud debe fortalecer su capacidad estratégica y apoyarse en equipos multidisciplinarios que integren médicos, enfermeras, arquitectos, ingenieros, economistas y especialistas en gestión pública. Los hospitales necesitan modelos de gobernanza corporativa más modernos, con directorios profesionales y mayores herramientas de gestión que permitan aprovechar eficientemente los recursos disponibles.

Asimismo, resulta indispensable acelerar la transformación digital del sistema. Una ficha clínica interoperable entre los sectores público y privado, mejores sistemas de información para gestionar listas de espera y mecanismos más eficientes de control de licencias médicas permitirían mejorar significativamente la productividad del sector. Del mismo modo, la revisión de los procesos de compras públicas constituye una necesidad urgente para reducir mal uso de recursos públicos, evitar conflictos de interés y optimizar el uso de recursos siempre escasos.

Pero ninguna reforma sanitaria será suficiente si no se fortalece la prevención. La salud no comienza en el hospital; comienza en el entorno de las personas. La educación sanitaria, la medicina familiar, los programas de nutrición, los exámenes preventivos, el diagnóstico temprano y la coordinación entre atención primaria, hospitales, mutualidades y sector privado deben transformarse en pilares permanentes de una política de salud moderna.

El legado de Fernando Monckeberg demuestra que los grandes desafíos nacionales pueden superarse cuando existe visión de Estado, liderazgo técnico y capacidad de construir acuerdos amplios. Chile ya lo hizo una vez frente a la desnutrición infantil. La pregunta es si tendrá la misma determinación para enfrentar la crisis sanitaria del siglo XXI.

A cien años de su nacimiento, la mejor manera de homenajear al Dr. Monckeberg no es sólo recordar su obra, sino recuperar su forma de pensar: poner los problemas reales de las personas por encima de las diferencias ideológicas y actuar con la convicción de que los grandes cambios requieren mirar más allá de un gobierno y pensar en las próximas generaciones.


Santiago, junio de 2026


Columna publicada en El Libero el domingo 7 de Junio de 2026
https://ellibero.cl/tribuna/los-100-anos-del-dr-fernando-monckeberg-un-legado-de-mirar-la-salud-con-criterio-de-estado/

martes, 19 de mayo de 2026

Avanzar en salud: modernizar el Estado mediante la digitalización y las concesiones

Jaime Calderón Riveros
Ingeniero Comercial (Fen, Universidad de Chile)

Chile enfrenta una crisis sanitaria que ya no admite diagnósticos reiterativos ni soluciones parciales. Más de tres millones de personas permanecen en listas de espera, miles de cirugías continúan postergadas y las garantías GES presentan incumplimientos graves. Mientras tanto, el rápido envejecimiento de la población transforma aceleradamente el perfil epidemiológico del país y exige una nueva mirada sobre nuestro sistema de salud.

Frente a este escenario, surge una pregunta inevitable: ¿podemos avanzar hacia una salud moderna, eficiente y centrada en las personas? La respuesta es sí, siempre que exista visión de Estado y voluntad política.

La digitalización integral del sistema sanitario constituye hoy una necesidad impostergable. Contar con una ficha clínica electrónica interoperable entre el sector público y privado permitiría integrar antecedentes médicos, exámenes y tratamientos, facilitando diagnósticos oportunos y una atención más eficiente. Asimismo, un sistema electrónico independiente ayudaría a racionalizar y controlar adecuadamente las licencias médicas, mientras que la gestión digital de pacientes permitiría conocer con precisión las listas de espera, programar cirugías y optimizar el uso de los recursos hospitalarios.

Esto no es un sueño imposible. Chile ya demostró, mediante el sistema de concesiones, que es capaz de impulsar grandes transformaciones públicas con apoyo privado. Las autopistas, aeropuertos, cárceles y hospitales concesionados cambiaron el rostro del país. Entre 1990 y 2002, la inversión en concesiones pasó de US$ 253 millones a más de US$ 1.200 millones anuales, permitiendo desarrollar infraestructura moderna y de alto estándar.

Sin embargo, el sector salud ha avanzado con demasiada lentitud. La resistencia a la modernización del Estado y las trabas burocráticas han retrasado proyectos fundamentales. El caso del Hospital del Salvador, con más de una década de atraso, refleja con claridad las dificultades que enfrenta la infraestructura sanitaria en Chile.

La situación se vuelve aún más urgente al considerar el cambio demográfico. La población mayor de 65 años pasó de representar el 6,6% en 1992 al 14,2% en 2024, y se proyecta que alcance el 32,1% hacia 2050. Este escenario obliga a fortalecer la capacidad hospitalaria, incorporar nuevas tecnologías y modernizar la gestión sanitaria.

¿Qué puede aportar el sistema de concesiones? Mucho más que infraestructura. Puede impulsar una profunda modernización de la gestión hospitalaria mediante gobiernos corporativos profesionales, capaces de atraer inversión privada y filantrópica, racionalizar el gasto, optimizar la inversión tecnológica y fortalecer la capacitación médica en nuevas tecnologías. La digitalización total del sistema sanitario podría situar a Chile a la vanguardia regional en salud pública.

Nuestros pacientes no pueden seguir esperando. Modernizar la salud debe convertirse en una prioridad nacional. Se requiere liderazgo político, capacidad de diálogo y un gran acuerdo público-privado que permita construir un sistema sanitario más eficiente, moderno y humano.

Avanzar en esta dirección no solo mejoraría la calidad de vida de millones de chilenos; también podría transformarse en uno de los legados más importantes en la modernización del Estado chileno.


Santiago, mayo de 2026.

martes, 12 de mayo de 2026

Problemas no resueltos en el sistema de salud chileno y cursos de acción sugeridos

Propuesta de análisis y recomendaciones para la modernización del sector salud

Jaime Calderón Riveros
Ingeniero Comercial (Fen Universidad de Chile)


Introducción

El sistema de salud chileno enfrenta desde hace décadas una serie de problemas estructurales que afectan la eficiencia del gasto público, la transparencia de los procesos y la incorporación racional de nuevas tecnologías

Muchos de estos problemas no obedecen únicamente a falta de recursos, sino también a debilidades de gestión, fragmentación institucional, ausencia de coordinación técnica y conflictos de interés que terminan perjudicando tanto al Estado como a los pacientes.

El presente informe busca aportar una mirada técnica y práctica sobre algunas de las principales dificultades aún no resueltas en el sistema de salud chileno, proponiendo además cursos de acción orientados a mejorar la eficiencia, la transparencia y la modernización del sector.


I) Compras públicas en salud: uso ineficiente de recursos públicos

Uno de los problemas más relevantes del sistema de salud chileno es la descoordinación existente entre las distintas instituciones que participan en los procesos de compra pública de equipamiento e insumos médicos. Hay fragmentación entre las unidades técnicas de los servicios de salud, inversiones del Ministerio de Salud, ChileCompra y la Central de Compras del Sistema Nacional de Servicios de Salud (CENABAST).

En numerosos casos, las especificaciones técnicas utilizadas en licitaciones corresponden simplemente a reproducciones de catálogos comerciales, sin un análisis integral respecto de las necesidades reales de los establecimientos, costos de operación, disponibilidad de personal capacitado, mantención técnica o requerimientos de insumos.

Es frecuente ver en hospitales que mantienen equipamiento de alto costo almacenado durante años en bodegas, sin utilización efectiva, mientras enfrentan al mismo tiempo carencias presupuestarias para cubrir necesidades básicas. Hay una alta atomización del mercado y debilidad en los mecanismos de evaluación y seguimiento de proveedores.

La experiencia demuestra que décadas atrás existía una evaluación más racional y centralizada de las inversiones hospitalarias, especialmente desde las unidades de recursos físicos del Ministerio de Salud.


Cursos de acción sugeridos
  1. Fortalecer la coordinación entre las unidades técnicas de los servicios de salud, ChileCompra y Cenabast.
  2. Entregar a CENABAST un rol rector más amplio en compras hospitalarias que incluya un registro nacional de proveedores con una evaluación anual estableciendo requerimientos para compras de insumos, equipamiento intermedio y de alta tecnología.
  3. Análisis técnico completo previo a la aprobación inversión de tecnología en salud, en conjunto con la industria de la salud.

II) Financiamiento de congresos médicos y conflictos de interés

El financiamiento de congresos médicos por parte de empresas proveedoras de tecnología, equipamiento o insumos de salud constituye una materia sensible que requiere mayores niveles de transparencia y regulación.

En la práctica, muchos de estos eventos son financiados indirectamente mediante sobreprecios incorporados posteriormente en compras públicas o privadas de insumos y equipamiento médico. Esto genera potenciales conflictos de interés que afectan la confianza pública y distorsionan el funcionamiento del mercado transparencia del mercado sanitario y distorsión en las compras públicas.

Asimismo, algunos eventos científicos han evolucionado hacia formatos predominantemente comerciales o promocionales orientados a introducir determinadas tecnologías o productos.


Cursos de acción sugeridos
  1. Establecer normas obligatorias de transparencia para el financiamiento de congresos y actividades médicas.
  2. Exigir declaración pública de aportes económicos, auspicios y vínculos comerciales.
  3. Diferenciar claramente congresos científicos y actividades promocionales o comerciales
  4. Incorporar supervisión institucional del Ministerio de Salud y organismos reguladores.
  5. Evaluar mecanismos de financiamiento mixto o concursable para actividades científicas relevantes.

III) Comodatos y compras “amarradas"

Durante años se ha expandido el modelo mediante el cual empresas proveedoras entregan equipamiento médico en comodato a clínicas u hospitales, condicionado a la compra obligatoria de insumos asociados.

Aunque este mecanismo puede facilitar acceso inicial a tecnología, en numerosos casos termina trasladando costos excesivos a pacientes o al sistema público y privado mediante precios elevados de insumos, bonos complementarios o prestaciones asociadas, produciendo una distorsión del mercado. Este fenómeno se observa en diversas áreas como oftalmología. audiología entre otros.


Cursos de acción sugeridos
  1. Regular explícitamente los contratos de comodato en salud.
  2. Exigir transparencia total respecto costos reales y condiciones de exclusividad.
  3. Limitar contratos que generen dependencia monopólica de insumos.
  4. Fortalecer fiscalización sobre cobros adicionales a pacientes.
  5. Evaluar mecanismos de compra centralizada de insumos críticos.

IV) Introducción de nuevas tecnologías en salud

La incorporación de nuevas tecnologías médicas representa uno de los desafíos más complejos de los sistemas sanitarios modernos.

No toda innovación tecnológica implica necesariamente una mejora proporcional en resultados clínicos o eficiencia económica. En muchos casos existe riesgo de incorporar tecnologías impulsadas más por estrategias comerciales que por evidencia científica sólida produciendo sobreinversión tecnológica.

Sin embargo, también existen innovaciones que transforman radicalmente la medicina, como ocurrió históricamente con el desarrollo de la cirugía laparoscópica y la endoscopía.


Cursos de acción sugeridos
  1. Fortalecer sistemas nacionales de evaluación de tecnologías sanitarias.
  2. Incorporar participación de facultades de medicina, sociedades científicas, expertos independientes acreditados en base a evidencia clínica e impacto sanitario.
  3. Desarrollar protocolos nacionales de incorporación tecnológica.

V) Arquitectura e ingeniería hospitalaria

La infraestructura hospitalaria y tecnología constituye uno de los principales componentes del gasto en un proyecto en salud y debe responder simultáneamente a exigencias sanitarias, tecnológicas, funcionales, urbanísticas.

Surgen legítimas interrogantes respecto a grandes proyectos públicos o privados que si cumplen con los requerimientos de la arquitectura sanitaria, ubicación, tamaño, eficiencia operacional.

La arquitectura hospitalaria no debe limitarse únicamente a resolver aspectos constructivos, sino también contribuir a generar espacios humanizados, funcionales y culturalmente integrados.


Cursos de acción sugeridos
  1. Fortalecer participación de arquitectos, ingenieros especializados en salud.
  2. Integrar tempranamente ingeniería hospitalaria, requerimientos tecnológicos, planificación clínica.
  3. Incorporar criterios de sustentabilidad, eficiencia energética, adaptación territorial, humanización de espacios. Tribuna para nuestros artistas.
  4. Rescatar el valor cultural e histórico de los hospitales como espacios públicos relevantes.

VI) Concesiones hospitalarias y modernización del sistema

El modelo de concesiones hospitalarias surgió como parte de los esfuerzos de modernización del Estado impulsados desde comienzos de los años 2000, asociados al fortalecimiento de infraestructura sanitaria y al desarrollo del Plan AUGE. Se actúo con visión de Estado por los expresidentes Ricardo Lagos Escobar y Eduardo Frei Ruiz-Tagle

Sin embargo, diversos proyectos enfrentaron resistencias políticas, administrativas y gremiales, generando retrasos significativos en infraestructura crítica.

El caso del Hospital del Salvador es frecuentemente citado como ejemplo de postergaciones que terminaron impactando negativamente en la capacidad hospitalaria del país.


Cursos de acción sugeridos
  1. Impulsar una política nacional de concesiones hospitalarias con altos estándares de control público.
  2. Acelerar la implementación de la ficha clínica electrónica universal, interoperabilidad de sistemas público y privado incorporando la tecnología médica asociada, plataforma digital de gestión sanitaria que nos permita conocer y planificar listas de espera, planificación de cirugías, alerta del cáncer y las nuevas patologías al envejecimiento de la población.
  3. Incorporar sistemas modernos e independientes de control de licencias médicas.
  4. Compatibilizar eficiencia privada con supervisión estatal rigurosa.
  5. Incorporar gestión en salud en las concesiones hospitalarias.


Comentario final

Los desafíos del sistema de salud chileno son complejos y están profundamente ligados a estructuras institucionales, intereses económicos y visiones históricas sobre el rol del Estado y de los actores privados en salud.

Sin embargo, modernizar el sistema requiere enfrentar estos problemas con decisión política, capacidad técnica y voluntad de construir acuerdos amplios orientados al bienestar de los pacientes y al uso eficiente de los recursos públicos.

La salud pública del siglo XXI exige transparencia, profesionalización, innovación responsable y una gestión moderna capaz de responder a las necesidades reales de la ciudadanía.

Como suele decirse en la formación militar:

“Los obstáculos están para ser vencidos”.



Santiago, mayo del 2026

jueves, 30 de abril de 2026

Salud: ¿Otra vez el segundo piso?

Jaime Calderón Riveros
Ingeniero Comercial (Fen Universidad de Chile)


La situación de la sanidad en Chile es crítica, pese a que el gasto público en salud se ha duplicado durante la última década. Las políticas públicas recientes fueron diseñadas desde el llamado “segundo piso” del gobierno anterior, bajo el atractivo —aunque simplista— concepto de una “salud igualitaria para todos”. ¿Quién podría oponerse a un eslogan así? Sin embargo, tras esa consigna se impulsó un modelo que tendía a fortalecer el monopolio estatal a través de Fonasa, relegando al sector privado a un rol secundario.

Este escenario se agravó tras la controvertida sentencia de la Tercera Sala de la Corte Suprema, cuestionada en su momento por el Observatorio Judicial, en un contexto de sobrecarga de causas. No hubo liderazgo político capaz de corregir esta anomalía, lo que, en la práctica, terminó alineándose con la orientación del programa gubernamental de entonces.

Las consecuencias son dramáticas: se estima que cerca de treinta mil chilenos mueren cada año mientras esperan una atención especializada, una cirugía o un tratamiento oncológico. A esto se suma la demanda internacional que enfrenta Chile ante el CIADI, con elevados costos potenciales para el Estado.

Las causas de esta crisis son múltiples. En primer lugar, persiste una concepción de salud pública anclada en una visión estatal propia de mediados del siglo XX, que no ha sabido adaptarse a los avances en tecnología, gestión y economía. En segundo término, existió un problema jurídico que no se resolvió oportunamente: la falta de corrección del sistema de reajustabilidad del sector privado que derivó en la judicialización del sistema, iniciada con la resolución del Tribunal Constitucional de 2010 y culminada con el fallo de la Corte Suprema, cuya legitimidad ha sido ampliamente discutida. Finalmente, el factor político ha sido determinante, especialmente cuando se promueven reformas que buscan debilitar o eliminar el sistema privado.

¿Es posible avanzar en salud? Soy escéptico. Tal como ocurre en el sistema de justicia, existe un “establishment” que resiste cambios profundos, junto a gremios con gran capacidad de presión. Se requiere, como bien se ha dicho, una verdadera “ingeniería en salud”. También es legítimo preguntarse por el uso eficiente de los recursos públicos: estudios del Observatorio Fiscal indican que solo mejorando la gestión se podría ahorrar cerca de un 10% del gasto.

Los ejemplos de ineficiencia son numerosos: hospitales que no cumplen estándares sanitarios con inversiones sobre U$ 200 millones, compra de equipamiento de alto costo que no considera las remuneraciones de los operadores y permanece por años en bodegas, licitaciones con deficientes especificaciones técnicas que generan sobrecostos, y políticas comerciales que terminan trasladando los costos al Estado.

En el plano político, el actual “segundo piso” parece responder a una lógica que privilegia la renovación generacional por sobre la experiencia, con el objetivo de redefinir el mapa ideológico. Sin embargo, las sociedades que progresan son aquellas que logran equilibrar juventud y experiencia. La milenaria cultura china, por ejemplo, valora profundamente a sus mayores como fuente de sabiduría. En democracia, el progreso no se construye imponiendo visiones, sino integrando diferencias.

Si queremos avanzar en salud, es imprescindible estructurar una estrategia basada en tres ejes fundamentales. Primero, una profunda modernización del sector público, incorporando tecnología, rediseñando la estructura del Ministerio de Salud y promoviendo un enfoque multidisciplinario que incluya ingeniería, arquitectura hospitalaria y planificación académica de los recursos humanos en salud.

Segundo, es necesario centrar el sistema en el paciente y no en el Estado. Como establece el juramento hipocrático, la prioridad es aliviar el sufrimiento y mejorar la salud de las personas.

Tercero, se debe fortalecer la educación y la prevención. Los problemas de salud no nacen en los hospitales, sino en el entorno social. Políticas que promuevan la nutrición, la medicina familiar, la actividad física y la salud mental son pilares esenciales de cualquier sistema sanitario moderno.

Me queda agradecer este espacio. Mejorar el sistema de salud es, muchas veces, una lucha quijotesca, especialmente cuando falta liderazgo político y voluntad de escuchar. Aun así, Chile merece un sistema de salud mejor. Esta causa tiene rostro: el de esa mujer humilde que espera atención en un hospital público.

Y como escribió Carlos Pezoa Véliz:
“Y nadie dijo nada…”

Santiago, abril de 2026


Columna publicada en El Libero el domingo 3 de mayo

viernes, 24 de abril de 2026

Salud, ingeniería y economía

Jaime Calderón Riveros
Ingeniero Comercial (Fen Universidad de Chile)


La sanidad en Chile atraviesa una de las crisis más profundas de las últimas décadas. Las cifras son elocuentes: miles de personas fallecen mientras esperan atención especializada, intervenciones quirúrgicas o tratamientos oncológicos oportunos. Este escenario resulta particularmente paradójico si se considera que el gasto en salud ha crecido sostenidamente a una tasa superior al gasto público total y se ha duplicado en el último decenio. Surge entonces una pregunta inevitable: ¿qué está fallando?

Como ocurre con toda enfermedad compleja, la crisis del sistema de salud es multifactorial. En primer lugar, es fundamental distinguir entre salud y medicina. Mientras la primera alude a un estado de equilibrio y bienestar, la segunda se refiere a la acción de curar. Esta diferencia no es trivial, ya que los problemas sanitarios no competen exclusivamente al ámbito médico: involucran también a enfermeras, matronas, ingenieros, arquitectos y economistas, entre otros profesionales.

En este contexto, es posible identificar tres factores principales que explican la crisis actual. El primero corresponde a un enfoque obsoleto de la salud pública, basado en el modelo tradicional de grandes hospitales, que no ha evolucionado al ritmo de los avances tecnológicos, de gestión ni de la economía moderna. Este enfoque ha privilegiado una lógica centrada en el Estado, en lugar de situar al paciente como eje del sistema.

El segundo factor es de carácter jurídico. Desde antes de la década del 2000, diversas advertencias señalaron las falencias estructurales del sistema de reajustabilidad del sector privado. La falta de reformas oportunas derivó en una creciente judicialización, intensificada tras la resolución del Tribunal Constitucional en 2010. Entre 2013 y 2022 ingresaron más de 2,3 millones de causas al sistema judicial, generando una sobrecarga significativa. Posteriormente, la intervención de la Corte Suprema, al establecer la aplicación retroactiva y general de la tabla de factores, tensionó aún más el marco jurídico, al contravenir principios básicos del ordenamiento legal. La ausencia de liderazgo político en este ámbito ha derivado, en gran medida, en soluciones parciales y comisiones sin resultados estructurales.

El tercer factor es de índole política. Determinadas propuestas han buscado debilitar el sistema privado de salud, reduciéndolo a un rol complementario, sin considerar su relevancia en la provisión de servicios. Actualmente, el sector privado atiende más de la mitad de las prestaciones médicas del país, a pesar de contar con una proporción significativamente menor de camas hospitalarias. La combinación de improvisación, demagogia y visiones ideologizadas ha contribuido a profundizar la crisis, configurando uno de los mayores fracasos de política pública en las últimas décadas.

Frente a este diagnóstico, las soluciones deben ser necesariamente multidisciplinarias. Se proponen tres ejes fundamentales. En primer lugar, una profunda modernización del Estado, orientada a mejorar la gestión, eficiencia y gobernanza del sistema de salud. En segundo lugar, el diseño de políticas públicas centradas en el paciente, priorizando el acceso oportuno y la libertad de elección por sobre estructuras rígidas. Finalmente, un fuerte énfasis en la educación sanitaria y la prevención, entendiendo que los problemas de salud se originan, en gran medida, fuera del ámbito hospitalario.

La modernización del Estado implica avanzar hacia una estructura organizacional más flexible y profesionalizada, con liderazgo estratégico y asesoría multidisciplinaria. Esto incluye la incorporación de gobiernos corporativos en hospitales, el fortalecimiento de la gestión directiva, la digitalización mediante fichas clínicas interoperables y la optimización de los sistemas de compras públicas. Asimismo, resulta clave promover mecanismos de colaboración público-privada que permitan ampliar la cobertura y mejorar la calidad de la atención.

Por su parte, un sistema centrado en el paciente debe garantizar la posibilidad de elegir entre seguros públicos y privados, generando incentivos para una asignación más eficiente de los recursos. La evidencia sugiere que los modelos excesivamente burocráticos tienden a reducir la productividad y a generar importantes niveles de ineficiencia en el uso del gasto público.

En cuanto a la prevención, es indispensable fortalecer la educación sanitaria desde la atención primaria. Problemas como la obesidad, la salud mental, el consumo de alcohol y drogas, y la salud bucal requieren estrategias integrales que incluyan equipos multidisciplinarios y programas de diagnóstico precoz. La implementación de una batería de exámenes preventivos como mamografías, colonoscopías, diagnóstico por imágenes y análisis clínicos, puede contribuir significativamente a reducir la carga de enfermedad y la presión sobre el sistema hospitalario.

Finalmente, cabe preguntarse por el rol de los profesionales de la economía, la gestión y la administración en este desafío. La respuesta es clara: existe una oportunidad significativa para liderar procesos de transformación en el sector salud. Desde el diseño de políticas públicas hasta la implementación de modelos de gestión eficientes, su contribución es clave para enfrentar los desafíos actuales.

El desarrollo alcanzado por Chile en las últimas décadas exige un sistema de salud acorde a sus necesidades. Alcanzarlo requerirá liderazgo, visión de Estado y un compromiso decidido con la modernización y el bienestar de las personas.



Santiago, abril de 2026

miércoles, 15 de abril de 2026

¿Se pueden terminar las listas de espera?


Jaime Calderón Riveros
Ingeniero Comercial (FEN, Universidad de Chile)

La grave crisis de nuestro sistema sanitario estuvo ausente del debate presidencial y, hasta hoy, no se conoce con claridad cuál será la política sanitaria del actual Gobierno, más allá de la alerta sanitaria para patologías oncológicas. La ministra de Salud, con un buen desempeño comunicacional, ha expuesto algunos problemas puntuales del sector en presentaciones ante la Cámara, pero aún no se vislumbra una hoja de ruta integral.

Los problemas de la salud en Chile son de larga data y responden, fundamentalmente, a tres factores estructurales.

En primer lugar, existe una persistente aplicación de políticas públicas centradas en el Estado y no en el paciente, que no han evolucionado al ritmo de los avances en tecnología, gestión y economía moderna. En este contexto surgen fenómenos como el fraude en licencias médicas, hospitales públicos con bajos niveles de productividad entre varios.

En segundo lugar, se observa un problema de carácter jurídico. Desde los años 2000 no se corrigió el sistema de reajustabilidad del sector privado, pese a reiteradas advertencias de varios ministros de la Corte. Esto derivó en la resolución del Tribunal Constitucional de 2010, que abrió la puerta a una creciente judicialización del sistema. Entre 2013 y 2022 ingresaron más de dos millones de recursos a la Corte, según informes del Ministerio de Justicia, lo que terminó por colapsar el sistema judicial. La respuesta fue la sentencia de la Tercera Sala de la Corte Suprema en 2022, que ordenó aplicar efectos retroactivos con carácter general, sobrepasando principios básicos de nuestro ordenamiento jurídico, como ha señalado el Observatorio Judicial.

En tercer lugar, existe un factor político. El gobierno anterior impulsó una agenda orientada a debilitar el sistema privado de salud, relegándolo a un rol secundario, sin considerar que Chile ha operado históricamente bajo un sistema mixto que mostró eficacia, por ejemplo, durante la pandemia.

Ahora bien, ¿es posible avanzar? Sí, pero requiere cambios estructurales que han sido resistidos por distintos actores del sector.

Primero, es indispensable modernizar el Estado para enfrentar el nuevo perfil epidemiológico: envejecimiento de la población, aumento de los problemas de salud mental, consumo de alcohol y drogas en jóvenes, obesidad y deterioro de la salud bucal. Esto implica rediseñar la estructura del Ministerio de Salud, incorporar vicepresidencias ejecutivas, profesionalizar la gestión hospitalaria mediante gobiernos corporativos, abrir espacios a la inversión privada —incluyendo concesiones— y avanzar hacia un sistema integrado de información con ficha clínica única. El problema de la salud en Chile es, en gran medida, de gestión más que de recursos: el presupuesto se ha duplicado en la última década y continúa creciendo por sobre el promedio del gasto público.

En segundo lugar, se debe poner al paciente en el centro de la política pública. Esto implica garantizar su capacidad de elegir libremente prestadores, mediante mecanismos como subsidios a la demanda, planes colectivos a través de cajas de compensación y convenios con empresas. Asimismo, es clave legitimar un sistema privado sin preexistencias, basado en esquemas solidarios y accesibles.

En tercer lugar, es urgente reorientar el gasto hacia la educación y la prevención. Los principales problemas de salud no se originan en los hospitales, sino en el entorno de las personas. Se requiere un gran plan preventivo que articule la atención primaria, mutualidades y red hospitalaria, incorporando tecnología para diagnóstico temprano, como mamografías, colonoscopías y ecografías.

Mientras no se modifique el enfoque que ha predominado en las últimas décadas, la autoridad sanitaria seguirá enfrentando situaciones críticas que no se condicen con el nivel de desarrollo económico del país. Chile puede avanzar hacia la reducción sustantiva —e incluso la eliminación— de las listas de espera en el marco de un sistema mixto público-privado.

Chile merece un sistema de salud mejor, más eficiente y centrado en las personas.



Santiago, 15 de abril del 2026