lunes, 15 de junio de 2026

Establishment versus modernización

Jaime Calderón Riveros
Ingeniero Comercial (Fen Universidad de Chile)

El Gobierno ha anunciado nuevas comisiones para enfrentar los problemas de salud. Convocar expertos siempre puede aportar miradas valiosas, pero la realidad obliga a formular una pregunta incómoda: ¿Chile necesita más diagnósticos o más decisiones?

La célebre frase atribuida al expresidente Ramón Barros Luco mantiene plena vigencia: cuando un problema es demasiado grande, se nombra una comisión. Puede parecer una caricatura, pero encierra una verdad difícil de ignorar Existen informes, propuestas y diagnósticos más que suficientes. Basta recordar el Informe Caldera, impulsado por el exministro Carlos Massad, entre muchos otros esfuerzos. Lo que falta no es conocimiento; es liderazgo político para impulsar transformaciones estructurales que permitan entregar mejores respuestas a los pacientes.

Afortunadamente, parece consolidarse un consenso básico: el centro de toda política pública en salud debe ser el paciente. Lo relevante no es si la solución proviene del sector público o privado, sino si las personas reciben atención oportuna, de calidad y con dignidad. Un buen ejemplo es la alerta sanitaria del cáncer. La discusión no puede seguir atrapada en quién presta el servicio, sino en quién resuelve efectivamente el problema de salud del ciudadano.

El primer desafío es modernizar el Estado. La estructura orgánica del Ministerio de Salud fue concebida para una realidad muy distinta. Hoy Chile enfrenta los desafíos propios de una población que envejece aceleradamente, estimándose según el INE que para el 2050 1 de 4 chilenos tendrá sobre 65 años, con una creciente prevalencia de enfermedades crónicas, problemas de salud mental y una demanda cada vez mayor por atención especializada.

Por ello, resulta indispensable que Salud y Hacienda lideren conjuntamente una profunda reforma de la institucionalidad sanitaria. El Ministerio debe concentrarse en la definición estratégica y la conducción de las políticas públicas, apoyado por equipos multidisciplinarios que integren no solo médicos, sino también enfermeras, tecnólogos médicos, matronas, ingenieros, arquitectos, administradores y economistas. La salud moderna exige una mirada integral. Un Fonasa como seguro público orientado al paciente para que tenga acceso igualitario y oportuno a los servicios de salud.

Los hospitales públicos también requieren una nueva gobernanza. Gobiernos corporativos, gerencias profesionales, metas de productividad y mecanismos efectivos de rendición de cuentas como en los centros sanitarios más avanzados. La gestión importa, y mucho. Sin una administración moderna será imposible responder a las crecientes necesidades de la población. Resulta legítimo preguntarse por qué los hospitales públicos aún carecen de estructuras gerenciales comparables a las de organizaciones de similar complejidad. A ello se suma el persistente problema de las compras públicas y los conflictos de interés, que generan importantes ineficiencias y sobrecostos para el sistema.

La transformación digital debe convertirse en una prioridad nacional. Una ficha clínica electrónica interoperable permitiría integrar la atención pública y privada, evitar duplicidades, mejorar la continuidad de los tratamientos y optimizar el uso de los recursos. Del mismo modo, es urgente implementar plataformas tecnológicas robustas e independientes para la gestión y fiscalización de las licencias médicas.

Sin embargo, la reforma más importante debe producirse fuera de los hospitales. Los principales problemas sanitarios no nacen en los consultorios, las urgencias o los pabellones quirúrgicos. Se originan en el entorno de las personas, en sus hábitos, condiciones de vida y oportunidades de prevención.

Chile necesita construir un verdadero sistema nacional de salud preventiva, una de las principales debilidades que dejó en evidencia la pandemia. Ello implica fortalecer la medicina familiar, desarrollar programas eficaces contra la obesidad infantil, ampliar la cobertura de salud mental, reforzar la atención odontológica y promover la educación sanitaria desde la infancia.

La evidencia es contundente: cada peso invertido en prevención genera beneficios sanitarios y económicos muy superiores a los obtenidos cuando la enfermedad ya está instalada. La antigua sabiduría china lo resumía con claridad: el mejor médico es aquel que evita que sus pacientes enfermen. Bajo esta lógica, resulta indispensable coordinar centros de salud familiar, municipios, mutualidades y prestadores públicos y privados en una estrategia común que amplíe el acceso a exámenes preventivos, mamografías, colonoscopías y diagnósticos por imágenes. La detección precoz salva vidas y reduce costos para todo el sistema.

La salud chilena continúa atrapada en estructuras administrativas propias del siglo pasado. Mientras tanto, la tecnología, la gestión moderna y la economía de la salud ofrecen herramientas capaces de mejorar significativamente la atención de millones de personas. El problema es que muchos de estos cambios encuentran resistencia en un establishment que suele sentirse más cómodo administrando las deficiencias que impulsando transformaciones profundas.

Chile no necesita otra comisión para descubrir lo que ya sabe. Necesita decisión política para hacer las reformas que durante años se han postergado. Porque detrás de cada lista de espera, de cada consulta retrasada y de cada tratamiento pendiente, hay una persona que no puede seguir esperando.

La verdadera pregunta no es qué debemos hacer. Eso ya lo sabemos. El desafío es cuándo tendremos el coraje de modernizar, de una vez por todas, el sistema de salud que los chilenos merecen.

Santiago, junio de 2026



Columna publicada en El Libero el Domingo 21 de junio del 2026 

domingo, 7 de junio de 2026

Los 100 años del Dr. Fernando Monckeberg: un legado de mirar la salud con criterio de Estado

Jaime Calderón Riveros
Ingeniero Comercial (Fen, Universidad de Chile)

El Dr. Fernando Monckeberg Barros acaba de cumplir 100 años. Su trayectoria constituye uno de los ejemplos más notables de liderazgo público en la historia reciente de Chile. En los años sesenta, cuando la desnutrición infantil afectaba a gran parte de la población y representaba uno de los principales signos del subdesarrollo, comprendió que el problema exigía una mirada integral y una política de Estado de largo plazo.

Su aporte fue mucho más allá de la medicina clínica. Impulsó programas materno-infantiles, fortaleció el control del niño sano, promovió mejoras en el acceso al agua potable y lideró la creación del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA). Gracias a una estrategia multidimensional y sostenida en el tiempo, Chile logró reducir drásticamente la desnutrición infantil y transformar uno de sus mayores problemas sanitarios en un caso de éxito reconocido internacionalmente.

La principal enseñanza de Monckeberg no radica únicamente en los resultados obtenidos, sino en su capacidad para comprender que los desafíos de salud deben enfrentarse con visión estratégica, coordinación institucional y sentido de urgencia.

Hoy Chile enfrenta una crisis sanitaria de naturaleza distinta, pero igualmente grave. Millones de personas esperan una consulta médica, cientos de miles aguardan una intervención quirúrgica y persisten importantes retrasos en la atención de enfermedades complejas, entre ellas el cáncer. A ello se suman incumplimientos en garantías Ges de acceso y crecientes dificultades de gestión en la red asistencial.

Sin embargo, el debate público suele concentrarse en la estructura institucional del sistema más que en los resultados para los pacientes. Con frecuencia se discute quién administra los recursos, pero menos cómo garantizar una atención oportuna, de calidad y centrada en las personas. El paciente debería ser el eje de toda política pública de salud, independientemente de si recibe atención a través de un seguro público o privado. Lo relevante no es la naturaleza del prestador, sino la capacidad efectiva de resolver los problemas de salud de los ciudadanos.

Para avanzar se requiere liderazgo político y una profunda modernización del Estado. El Ministerio de Salud debe fortalecer su capacidad estratégica y apoyarse en equipos multidisciplinarios que integren médicos, enfermeras, arquitectos, ingenieros, economistas y especialistas en gestión pública. Los hospitales necesitan modelos de gobernanza corporativa más modernos, con directorios profesionales y mayores herramientas de gestión que permitan aprovechar eficientemente los recursos disponibles.

Asimismo, resulta indispensable acelerar la transformación digital del sistema. Una ficha clínica interoperable entre los sectores público y privado, mejores sistemas de información para gestionar listas de espera y mecanismos más eficientes de control de licencias médicas permitirían mejorar significativamente la productividad del sector. Del mismo modo, la revisión de los procesos de compras públicas constituye una necesidad urgente para reducir mal uso de recursos públicos, evitar conflictos de interés y optimizar el uso de recursos siempre escasos.

Pero ninguna reforma sanitaria será suficiente si no se fortalece la prevención. La salud no comienza en el hospital; comienza en el entorno de las personas. La educación sanitaria, la medicina familiar, los programas de nutrición, los exámenes preventivos, el diagnóstico temprano y la coordinación entre atención primaria, hospitales, mutualidades y sector privado deben transformarse en pilares permanentes de una política de salud moderna.

El legado de Fernando Monckeberg demuestra que los grandes desafíos nacionales pueden superarse cuando existe visión de Estado, liderazgo técnico y capacidad de construir acuerdos amplios. Chile ya lo hizo una vez frente a la desnutrición infantil. La pregunta es si tendrá la misma determinación para enfrentar la crisis sanitaria del siglo XXI.

A cien años de su nacimiento, la mejor manera de homenajear al Dr. Monckeberg no es sólo recordar su obra, sino recuperar su forma de pensar: poner los problemas reales de las personas por encima de las diferencias ideológicas y actuar con la convicción de que los grandes cambios requieren mirar más allá de un gobierno y pensar en las próximas generaciones.


Santiago, junio de 2026


Columna publicada en El Libero el domingo 7 de Junio de 2026
https://ellibero.cl/tribuna/los-100-anos-del-dr-fernando-monckeberg-un-legado-de-mirar-la-salud-con-criterio-de-estado/