martes, 23 de diciembre de 2025

Salud: ¿Aquí pasó lo de siempre?

“Señores Guardias Civiles,
aquí pasó lo de siempre:
murieron cuatro romanos
y cinco cartagineses”.

Federico García Lorca


Los graves problemas que hoy enfrenta la salud en Chile evocan inevitablemente estos versos de Federico García Lorca. La pregunta es inevitable: ¿vamos a seguir en lo mismo?

El legado que recibirá el próximo Gobierno en materia de salud constituye uno de los mayores desafíos de políticas públicas de las últimas décadas. Las cifras son elocuentes y alarmantes: más de dos millones de pacientes en listas de espera; cerca de quince mil personas con tratamientos oncológicos atrasados; alrededor de treinta mil fallecimientos de pacientes que aguardaban una consulta con un especialista o una cirugía; y reiterados casos de fraude en licencias médicas.

Estos problemas no son responsabilidad exclusiva de la actual administración. Son, más bien, el resultado de políticas erróneas sostenidas en el tiempo y de dogmatismos extremos, como la consigna de “salud igualitaria para todos”. ¿Quién podría oponerse a tan noble propósito? Sin embargo, esa declaración —presente en el programa del actual Gobierno— ha chocado frontalmente con la compleja realidad del sistema de salud chileno, que históricamente ha sido mixto: seguros públicos y privados, mutualidades, cajas de compensación y prestadores diversos. La pandemia demostró que cuando el sistema trabaja en equipo, los resultados mejoran.

La salud es tarea de todos. Se requiere capacidad de diálogo y humildad para reconocer que ciertas políticas públicas no han dado los resultados esperados y que es indispensable un nuevo enfoque, acorde al desarrollo tecnológico, administrativo y económico del siglo XXI. Ya no vivimos la era de los grandes hospitales y los grandes maestros que marcaron la historia de la medicina. Vivimos la era de la tecnología, del envejecimiento poblacional y de nuevos desafíos sanitarios: obesidad infantil, alcoholismo juvenil, problemas de salud mental, salud bucal deficitaria, entre muchos otros.

El primer aspecto clave es definir, sin ambigüedades, que el paciente debe estar en el centro de la política pública de salud. La captura monopólica del sistema por parte del Estado, mediante seguros públicos excluyentes, no soluciona los problemas: aumenta la burocracia y abre espacios a la corrupción y al mal uso de recursos. La libertad de elección del paciente, a través de subsidios directos a las personas para acceder oportunamente a prestadores públicos o privados, es una piedra angular para avanzar. Este enfoque no solo promueve equidad real, sino que además maximiza el uso de los recursos disponibles. De lograrse, las listas de espera simplemente no existirían.

El segundo aspecto fundamental es la modernización del Estado, proceso al que se opone parte del establishment porque considera que la salud “les pertenece”. Es imprescindible entender que salud —como ausencia de enfermedad— es un trabajo multidisciplinario que involucra médicos, enfermeras, obstetras, otros profesionales de la salud, pero también arquitectos, ingenieros, economistas y gestores. No es lo mismo salud que medicina: la primera es prevención y gestión; la segunda, curación.

No podemos seguir con un Estado diseñado en los años sesenta. Se requiere un Ministerio de Salud con una visión estratégica y “macro”, liderado por un ministro asesorado por un comité consultivo multidisciplinario; una estructura moderna con vicepresidencias ejecutivas por áreas; hospitales con gerencias profesionales y directorios capaces de atraer inversión privada y beneficencia; y participación de los trabajadores de la salud para mejorar la productividad, que hoy es cerca de la mitad de la del sector privado. Asimismo, es urgente una revisión severa de las compras públicas, donde existen importantes fugas de recursos por bases mal diseñadas y compromisos comerciales inadecuados. En conjunto con los decanos de las Facultades de Medicina, debe planificarse la formación y capacitación de los profesionales de la salud según las necesidades reales del país como la distribución de los campus clínicos.

El tercer eje estratégico es la educación sanitaria y la prevención, donde debiera concentrarse el foco del gasto. Una Red Nacional Preventiva en Salud debe integrar a mutuales, cajas de compensación y centros de salud familiar. La medicina familiar, la educación nutricional, el uso intensivo de tecnologías diagnósticas —como mamografías y colonoscopías—, los programas deportivos como Elige Vivir Sano, la salud mental y la salud bucal deben ser pilares esenciales de una política sanitaria moderna. Frente al grave déficit en educación sanitaria, cabe preguntarse: ¿podría un servicio militar social remunerado, similar al modelo israelí, ser una herramienta eficaz para enfrentar el alcoholismo y la drogadicción juvenil?

A pesar de que el gasto en salud se ha duplicado en la última década, los resultados son deplorables. Es tiempo de razonar, reflexionar y corregir el rumbo. El próximo Gobierno enfrenta la difícil misión de elegir un ministro con verdadera visión de Estado, capacidad de trabajo en equipo y una personalidad firme para liderar un sector altamente conflictivo y lleno de intereses.

Mejorar la salud en Chile es, sin duda, una lucha quijotesca. Llevo años escribiendo columnas y artículos con el único propósito de contribuir a la discusión y a la búsqueda de soluciones para un sistema que no puede seguir haciendo “lo de siempre”.


Jaime Calderón Riveros
Ingeniero Comercial


Santiago, 23 de diciembre de 2025


Artículo publicado en El Mostrador del domingo 28 de diciembre del 2025
Link https://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/columnas/2025/12/28/salud-aqui-paso-lo-de-siempre/

jueves, 18 de diciembre de 2025

Salud: ¿Coraje político o seguimos en lo mismo?

Jaime Calderón Riveros
Ingeniero Comercial (Fen U de Chile)


Chile es un gran país y su gente es maravillosa. Un ejemplo de ello es Iván Moreno López, quien fue el primer atleta chileno en cronometrar 10 segundos en los 100 metros planos. Participó en los Juegos Olímpicos de Tokio 1964 y México 1968 en las pruebas de 100 y 200 metros, siendo reconocido como “el atleta blanco más rápido del mundo”.

Recientemente, y después de cumplir 75 años, logró concretar el sueño de todo maratonista: completar las World Marathon Majors (WMM) —Tokio, Boston, París, Londres, Berlín y Nueva York— ganando su serie en esta última con 82 años. ¡Qué ejemplo de vida!

Soy corredor aficionado y en alguna carrera he tenido el privilegio de compartir ruta con él. Llego a mi casa y digo, con orgullo algo insolente: “corrí con Iván Moreno López, atleta olímpico” … claro que bastante más atrás. Un lindo sueño.

Cuento esta historia porque en Chile tenemos sueños pendientes, y uno de ellos —grave, muy grave— es la salud. Resulta inaceptable que, para el nivel de desarrollo que ha alcanzado el país, existan más de dos millones de personas en listas de espera, más de quince mil pacientes con cáncer con atención diferida, y que treinta mil chilenos mueran cada año esperando una consulta con un especialista o una cirugía. Todo esto mientras observamos inversiones hospitalarias subutilizadas, un intento por destruir el sistema de salud privado sin mayor defensa —salvo contadas excepciones— y una preocupante indiferencia colectiva.

Me pregunto si seguiremos anclados en el discurso de que el Estado es dueño de los pacientes, negándoles el derecho básico de elegir libremente su seguro de salud, sea público o privado, traspasando esa decisión al burócrata de turno. Existe una vieja escuela de sanidad pública formada en los años 50, época de grandes hospitales y maestros que dejaron un legado invaluable, el cual debemos respetar. Pero respetar no significa no avanzar. Hoy contamos con herramientas modernas de tecnología, gestión y economía que no estamos utilizando.

Incluso el NHS inglés, cuna de la salud universal, ha debido evolucionar e incorporar seguros privados para enfrentar las listas de espera. Un camino más eficiente sería subsidiar directamente a las personas, garantizando acceso oportuno y equitativo, sin discriminación ni exclusiones por preexistencias. Un sistema donde lo público y lo privado colaboren para eliminar las listas de espera. La libre elección del seguro es la piedra angular para comenzar a avanzar en salud.

Resulta inconcebible que, con el nivel actual de desarrollo informático, persista el fraude en licencias médicas sin que se activen alertas oportunas. Existen múltiples estudios y recursos invertidos en la modernización del Estado, pero en salud no se avanza. Predominan los intereses corporativos de los gremios por sobre el interés del paciente, que debiera ser el eje central de toda política pública sanitaria.

No podemos seguir con un ministerio anclado en el pasado. Se requiere un Ministerio de Salud 2.0: con vicepresidencias ejecutivas por áreas, un ministro con visión estratégica apoyado por un equipo multidisciplinario reducido, hospitales con gerencias profesionales, directorios capaces de atraer inversión privada y filantrópica, e incorporación de los trabajadores de la salud en los resultados, mejorando sus condiciones económicas y fortaleciendo la carrera funcionaria y mejorando su productividad. Es necesario concesionar no solo la construcción hospitalaria, sino también la gestión integral de la red pública de salud. Hay un grave problema con las compras públicas en salud. La modernización del Estado es urgente.

La educación sanitaria y la prevención deben ser el foco del gasto en salud. Incorporar tecnología preventiva —mamografías, colonoscopias, diagnóstico por imágenes— en un sistema financiado por los sectores público y privado. Un sistema nacional preventivo articulado a través de Cesfam, mutuales de seguridad, Cajas de Compensación y la red hospitalaria, con énfasis en medicina familiar, nutrición, actividad física y salud mental. Programas como Elige Vivir Sano, Sonrisa Mujer o Sonrisas que Sanan deben fortalecerse.

Chile enfrenta graves problemas de obesidad infantil, alcoholismo juvenil y drogadicción. Cabe preguntarse si un servicio militar social remunerado, como en Israel, podría ser una herramienta eficaz de Estado para mejorar la sanidad pública y la cohesión social.

Se necesita liderazgo político, visión de largo plazo, trabajo en equipo y un gran acuerdo público-privado que permita avanzar en salud y dejar atrás el ideologismo. Existe un fuerte establishment que impide los cambios necesarios para poner la salud a la altura del desarrollo de Chile. La tarea es urgente y, con la llegada de un nuevo gobierno, se abre una nueva oportunidad. Que Dios ilumine al nuevo Gobierno.

Comencé esta columna relatando una bella historia. Ahora los dejo: voy a entrenar, a mejorar mi ritmo, con la esperanza de que en alguna carrera vuelva a divisar a Iván Moreno López, aunque sea de lejos.
De sueños vive el hombre; una vida sin sueños es triste y gris.


Santiago, 18 de diciembre de 2025


Artículo publicado en El Libero del domingo 21 de diciembre.

jueves, 4 de diciembre de 2025

¿Arreglemos la salud?… un gran acuerdo nacional

Jaime Calderón Riveros
Ingeniero Comercial (Fen Universidad de Chile)


Las concesiones son una herramienta trascendente en modernizar el sector salud donde concesionar la ficha única universal es un gran desafío de la ingeniería.

No importa si el gato es blanco o negro, si caza ratones, es un buen gato. Esta es la teoría pragmática de Deng Xiaoping, primer ministro chino que, a través de su visión, sacó a millones de chinos de la pobreza aplicando principios del capitalismo en un régimen comunista. Un ejemplo claro de que, más allá de la ideología, lo que realmente importa son los resultados concretos.

En Chile, lamentablemente, el fracaso de las políticas públicas en salud no es un fenómeno nuevo. Ha sido el resultado de décadas de un modelo de sanidad que no ha avanzado al ritmo de la tecnología, la administración moderna ni las demandas económicas del país. Este modelo, centrado en la idea de que la salud es un bien social exclusivamente manejado por el Estado, ha generado un estancamiento en la atención, y no ha logrado evolucionar hacia un sistema más dinámico y eficiente.

El enfoque histórico de la medicina, con grandes hospitales públicos y una estructura jerárquica de médicos formados por grandes maestros, ha sido admirable y sigue siendo digno de respeto. Pero el mundo avanza, y con él, los modelos de atención médica. Nace la medicina privada, las grandes clínicas e inversiones privadas, la creación de mutualidades, y la revolución tecnológica en la salud, con avances de magnitud mundial. Incluso el NHS británico, que comenzó en 1948 con la promesa de una cobertura universal, hoy enfrenta desafíos ante la creciente demanda, lo que ha dado lugar a la expansión de seguros privados.

La pregunta que nos surge es: ¿vamos a seguir haciendo lo mismo en Chile? Recordemos que somos un país joven, con poco más de 200 años de historia independiente. Tal vez ha llegado el momento de repensar y corregir el rumbo de nuestra salud pública. Un nuevo gobierno, como el que estamos a punto de iniciar, se presenta como una oportunidad única para sincerar los problemas y proponer soluciones reales.

Lo primero que debemos tener claro es que el objetivo de todo sistema de salud debe ser el paciente. Acceso igualitario, oportuno y sin exclusiones es lo que todos los ciudadanos merecen, independientemente de su situación económica, tal como lo estipulan los acuerdos internacionales suscritos por Chile. Este principio es el primer pilar sobre el que debemos edificar cualquier reforma. El juramento hipocrático de los médicos, que pone al paciente como el centro de la atención, debe ser el faro que guíe nuestras políticas.

En segundo lugar, tenemos a los trabajadores de la salud, que integran un sector multidisciplinario único, donde médicos, enfermeras, matronas, nutricionistas, ingenieros, arquitectos y economistas, entre otros, trabajan juntos. Es difícil encontrar un sector con la diversidad tan amplia de profesionales, lo que, si se maneja bien, puede ser una ventaja para el sistema. Sin embargo, uno de los grandes obstáculos que enfrentamos es la falta de cohesión en que cada gremio o profesional. La alta rotación de directores médicos, la resistencia a la modernización como por ejemplo las concesiones y tener gerentes profesionales empoderados en hospitales públicos son solo algunos ejemplos de la fragmentación que tenemos que superar.

Nos enfrentamos también a la politización del sector, con gremios que ejercen una presión enorme sobre las decisiones políticas y, en muchos casos, usan la salud pública como una plataforma para sus intereses. Esto debe cambiar, pues la carrera política y la gestión de la salud no deben entrelazarse. Chile necesita un sistema de salud gestionado con criterio de Estado, con visión de largo plazo y con una orientación clara hacia la productividad y la eficiencia.

En suma, el primer gran nudo de la reforma debe ser la creación de un sistema que permita que los pacientes elijan libremente el tipo de seguro y atención que desean recibir, ya sea público, privado o una combinación de ambos. Es fundamental que se legitimen tanto los sistemas de salud pública como los privados.La centralización del poder en el Estado, como si fuese el único dueño de la salud de los ciudadanos, debe terminar. El paciente debe ser el verdadero dueño de su atención.

El segundo paso es mejorar la calidad de la salud pública. Es necesario reformar la estructura orgánica del Ministerio de Salud, que todavía sigue un modelo de los años 60, y transformarlo en una institución moderna, con vicepresidencias ejecutivas, comités asesores multidisciplinarios y, lo más importante, hospitales públicos gestionados de forma profesional. Los hospitales deberían ser tratados como empresas de servicio público, con directorios y gerencias profesionales, capaces de atraer inversión privada y de beneficencia. Las concesiones juegan un rol sustantivo en racionalizar la inversión y no debemos olvidar la digitalización, que puede transformar la eficiencia y la productividad del sistema. Desde la implementación de una ficha única interoperable hasta un sistema electrónico de licencias médicas, debemos incorporar las herramientas modernas para gestionar la salud pública de forma eficiente.

Finalmente, la educación y prevención debe ser un pilar fundamental de la reforma. Crear un sistema integral de prevención sanitaria que involucre tanto a los centros de salud familiar como a las mutualidades y redes hospitalarias públicas y privadas. La obligatoriedad de exámenes preventivos y diagnósticos debe ser parte de nuestra cultura de salud. Diagnóstico por imágenes, mamografías, colonoscopias, consultas con especialistas y exámenes de laboratorio deben ser accesibles y promovidos, no solo por el sector público, sino también por las empresas privadas y las municipalidades.

Este gran acuerdo nacional de salud debe ser inclusivo, convocando a todos los trabajadores y profesionales de la salud a trabajar por un sistema que sea un verdadero orgullo para todos los chilenos. Solo con voluntad, liderazgo, tolerancia, y un firme compromiso con el bienestar de la población, podremos dejar atrás la división y construir un sistema que brinde acceso a todos, sin importar su situación económica o social.
 

Santiago, diciembre 4, 2025.



martes, 2 de diciembre de 2025

La salud, el gran ausente del debate presidencial

Jaime Mañalich Muxi
Ex ministro de Salud

Jaime Calderón Riveros
Ingeniero Comercial (FEN, Universidad de Chile)


En plena campaña presidencial, cuando la ciudadanía exige soluciones concretas en seguridad, migración y empleo, hay un tema que brilla por su ausencia: la salud. Y no por falta de urgencia. Chile atraviesa una de las crisis sanitarias más profundas de las últimas décadas, fruto de políticas erradas, estructuras anacrónicas y un sistema de seguridad social diseñado para un país que ya no existe.

A ello se suma un fenómeno preocupante: gremios con poder de veto capaces de bloquear reformas necesarias, y una confusión conceptual persistente entre “salud” —bienestar integral— y “medicina”, cuyo foco es curar. La salud moderna requiere equipos multidisciplinarios, desde médicos, enfermeras y matronas, hasta ingenieros, arquitectos y economistas. Sin embargo, hemos permitido que voluntarismos, dogmatismos y liderazgos autorreferentes nos conduzcan a un escenario crítico.

El cambio de gobierno abre una oportunidad que no podemos desperdiciar. En salud conviven dos actores que deben ser aliados y no adversarios: los pacientes, que deben estar al centro, y los trabajadores del sistema, que lo sostienen día a día. Sin una alianza entre ambos, cualquier reforma está condenada al fracaso.


1. La decisión que ninguna campaña quiere enfrentar

La piedra angular de una reforma real es una definición simple y, al mismo tiempo, políticamente incómoda:
¿Seguiremos con un seguro único estatal que “posee” a los pacientes, o permitiremos que las personas elijan libremente entre seguros públicos y privados?

Esta no es una discusión ideológica; es una discusión sobre dignidad, libertad y eficiencia. El rol del Estado debe centrarse en subsidiar directamente a las personas, para que elijan el seguro que mejor responda a sus necesidades. Esa sola medida mejora la asignación de recursos y reduce inequidades.


2. Un Estado en salud del siglo XXI

La estructura sanitaria pública requiere una modernización profunda. No es posible gestionar un sistema complejo con un Ministerio diseñado para la realidad de 1960. Se necesita una orgánica moderna, con vicepresidencias ejecutivas y un ministro apoyado por un consejo multidisciplinario, capaz de pensar estratégicamente.

Los hospitales deben migrar hacia gobiernos corporativos profesionales, con gerencias capaces de atraer inversión privada y filantrópica, transparentar resultados y generar incentivos para mejorar productividad. Concesionar la red hospitalaria no es un dogma, es una herramienta. Sin incentivos adecuados, ningún sistema mejora.

Además, la ficha clínica digital interoperable es urgente. No es un lujo tecnológico: es una vía rápida para reducir listas de espera, optimizar pabellones y gestionar cirugías en tiempo real. A esto se suma la necesidad impostergable de un sistema independiente de evaluación de licencias médicas.


3. La prevención: el frente donde Chile sigue perdiendo

La mayor parte de los problemas sanitarios no nace en los hospitales, sino en la ausencia de educación y prevención. La medicina china lo entendió hace siglos: lo eficaz es actuar antes de que la enfermedad aparezca.

Chile necesita construir una Red Preventiva Nacional, que integre Cesfam, mutualidades y hospitales, apoyada por tecnología diagnóstica —mamografías, colonoscopías, ecografías— y por equipos de salud familiar, nutrición, salud mental, deporte y salud bucal. La prevención no puede seguir siendo el eslogan de siempre: debe ser el centro del modelo.


4. Un seguro catastrófico universal

Para enfermedades de alto costo, la respuesta debe ser simple y solidaria: un seguro catastrófico universal y obligatorio, que proteja a todas las personas sin distinción.


5. Cuidar a quienes nos cuidan

La violencia contra trabajadores de la salud sigue aumentando. Urge un programa robusto que fortalezca la carrera funcionaria y proteja efectivamente a quienes sostienen el sistema. Sin ellos, no hay reforma posible.


Chile lleva años estancado. La salud no puede seguir ausente del debate presidencial ni de la agenda pública. Modernizar el sistema no es una opción técnica: es un imperativo moral y una condición para el desarrollo.

Chile es un gran país. Merece un sistema de salud a su altura.


Santiago, 1 de diciembre de 2025



Columna publicada en El Mercurio el 3 de diciembre del 2025
Link https://www.elmercurio.com/blogs/2025/12/03/129716/el-gran-ausente-del-debate.aspx



viernes, 28 de noviembre de 2025

“¡Esta no me la va a ganar!”: Una Reflexión sobre el Futuro de la Salud Pública en Chile

Jaime Calderón Riveros
Santiago, noviembre 28, 2025


La salud en Chile atraviesa un momento crítico, marcado por un sistema público que sigue enfrentando profundas dificultades. La propuesta del actual Gobierno de un monopolio estatal sobre el seguro de salud, y su impulso hacia una “salud igualitaria para todos” a través de un sistema único, ha chocado con la realidad de un país con una infraestructura mixta: un fuerte sector privado, seguros complementarios, hospitales públicos colapsados, y una clase política que parece carecer de liderazgo. La falta de una visión a largo plazo está generando un sistema de salud que no solo es ineficiente, sino también peligroso para los pacientes. Hay variedad de caminos para el mismo objetivo.

El resultado es claro: millones de pacientes en listas de espera, más de quince mil pacientes oncológicos con tratamientos postergados, miles de cirugías aplazadas y un promedio alarmante de treinta mil muertes anuales. Sin embargo, el tema de la salud sigue ausente de los debates presidenciales, y la crisis sigue sin ser abordada con la seriedad que merece. Frente a este panorama, me siento en la obligación de presentar una propuesta constructiva que, desde una actitud positiva y realista, plantee soluciones concretas.


1. El Modelo de Salud: ¿Monopolio Estatal o Competencia Abierta?

Uno de los grandes temas del debate actual es si debemos permitir que el Estado se convierta en el único proveedor de salud, eliminando la opción de seguros privados. Aunque la “salud igualitaria” es una meta noble, la realidad en Chile exige un sistema que combine lo público y lo privado para maximizar recursos y mejorar el acceso.

La clave es fomentar la competencia a través de un sistema de seguros complementarios. En lugar de imponer un monopolio estatal, debemos ofrecer subsidios directos a las personas según su nivel de ingresos, lo que les permitiría elegir el seguro que mejor se adapte a sus necesidades. Este modelo también promovería la participación de las empresas y las cajas de compensación, ampliando las opciones de cobertura.


2. La Modernización del Estado: Una Necesidad Urgente

La promesa de modernizar el sistema de salud ha sido una constante, pero los avances concretos han sido limitados. Los gremios de la salud, a menudo con poder político significativo, se oponen a cualquier reforma que perciban como una invasión de sus prerrogativas. Sin embargo, la solución no es retroceder ante la resistencia, sino entender que la salud es un esfuerzo multidisciplinario, que no solo involucra a médicos, sino también a enfermeras, arquitectos, economistas y otros profesionales.

Para avanzar, propongo los siguientes cambios estructurales:
  • Crear un ministerio de salud con una estructura orgánica clara, con vicepresidencias ejecutivas y una comisión de expertos multidisciplinarios.
  • Digitalizar toda la red de salud, con una ficha única universal interoperable, que incorpore tecnologías emergentes. Licencias médicas independientes.
  • Concesionar los hospitales públicos bajo gobiernos corporativos y con gerencias profesionales, para garantizar la eficiencia y transparencia.
  • Racionalizar el sistema de compras públicas, de modo que se optimicen los recursos. Transparentar financiamiento sociedades científicas.


3. Educación y Prevención: El Camino hacia una Salud Proactiva

Uno de los pilares fundamentales para mejorar la salud pública en Chile es la educación sanitaria y la prevención. No basta con tratar enfermedades; debemos prevenirlas desde sus primeras etapas. Esto implica promover programas de salud preventiva en todos los niveles, desde los centros de salud familiar hasta las mutualidades y cajas de compensación.

Es urgente implementar medidas como:
  • La promoción de la salud bucal y mental.
  • La prevención de enfermedades crónicas, como la obesidad infantil y el alcoholismo juvenil.
  • Fomentar la actividad deportiva como una herramienta de salud pública.
  • Introducir el servicio militar social remunerado, como un medio para educar y formar hábitos saludables.


4. Capacitación y Formación de los Profesionales de Salud

La formación de los profesionales de la salud debe ser una prioridad nacional. Esto no solo incluye a médicos, sino también a todos los actores involucrados en el cuidado de la salud, como enfermeras, técnicos biomédicos y personal administrativo. La capacitación continua es clave, especialmente en el uso de nuevas tecnologías.

Es fundamental que los decanos de las facultades de medicina trabajen junto con las autoridades sanitarias para garantizar que los programas de formación estén alineados con las necesidades del sistema de salud. Además, debemos asegurar una distribución equitativa de los campus clínicos y fortalecer la formación en áreas rurales y regiones con menos acceso a la salud.


5. Red Hospitalaria Domiciliaria: Un Modelo Innovador

La expansión de la red hospitalaria domiciliaria es una estrategia que no solo mejora la calidad de vida de los pacientes, sino que también optimiza el uso de los recursos hospitalarios. Fomentar este modelo puede liberar camas en los hospitales y reducir la presión sobre el sistema, al mismo tiempo que se ofrece un trato más personalizado y cercano a los pacientes.


6. La Carrera funcionaria: Mejorar las Condiciones de los Trabajadores de la Salud

Es urgente mejorar las condiciones laborales de los profesionales de la salud, tanto en términos salariales como en cuanto a la seguridad en el trabajo. La violencia contra los trabajadores de salud es una realidad innegable, por lo que debemos elevar las penas para los agresores. Además, se debe fomentar la participación de los profesionales en la toma de decisiones sobre la gestión de los hospitales, incentivando la productividad mediante modelos de gobiernos corporativos.


7. Seguro Universal Catastrófico: Protegiendo a las Familias

Uno de los mayores riesgos en el sistema de salud es la falta de protección frente a enfermedades de alto costo. Un seguro universal catastrófico, que cubra enfermedades raras y tratamientos extremadamente costosos, sería un avance importante en la protección social. Este tipo de seguro no se resuelve con marchas ni con discursos, sino con una política de Estado seria y estructurada.


Un Futuro Mejor para la Salud en Chile

El sistema de salud que heredará el próximo gobierno estará plagado de desafíos, pero también de oportunidades. La clave para superarlos está en poner a las personas en el centro de todas las políticas públicas, con un enfoque en la prevención, la educación y la eficiencia. Chile merece un sistema de salud más justo, más moderno y accesible. No podemos seguir estancados en un sistema de seguridad social obsoleto. Los obstáculos son grandes, pero no insuperables. Y como bien dijo una paciente oncológica, “¡esta no me la va a ganar!”


(1) “Esta no me la va a ganar” es el comentario de un paciente oncológico sencillo operado en un hospital público entrando a una radioterapia.




Artículo publicado en El Libero de domingo 30 de noviembre del 2025
Link https://ellibero.cl/tribuna/esta-no-me-la-va-a-ganar-una-reflexion-sobre-el-futuro-de-la-salud-publica-en-chile/

jueves, 20 de noviembre de 2025

En nombre de Dios y de la ciencia

Por Jaime Calderón Riveros
Ingeniero Comercial (FEN – U. de Chile)

“En nombre de Dios y de la ciencia”, me respondió un distinguido médico cuando le señalé un grave error técnico en una decisión de salud. Su reacción resume un problema profundo: durante décadas, la improvisación, el voluntarismo, las presiones gremiales y el peso de ciertas personalidades han dominado un sector que exige rigor, evidencia y gestión moderna. Las consecuencias están a la vista: millones de personas en listas de espera, miles de cirugías postergadas y más de quince mil pacientes oncológicos sin atención oportuna. Paradójicamente, estudios recientes muestran que el sector privado, con la mitad de los recursos, atiende un número similar de pacientes. Todo esto mientras el presupuesto público en salud se ha duplicado en diez años, síntoma evidente de un enfermo mal diagnosticado.

No responsabilicemos a médicos ni trabajadores de la salud. Su labor, muchas veces heroica, merece el más alto reconocimiento. El problema es sistémico: una institucionalidad rígida, un enfoque de salud pública que no incorporó avances tecnológicos, administrativos ni económicos, y una confusión conceptual persistente. Salud no es lo mismo que medicina: la primera es equilibrio y prevención; la segunda, la ciencia de curar. Resolver esta crisis requiere arquitectos, ingenieros, economistas, enfermeras, matronas, médicos y muchos otros profesionales trabajando de manera integrada.

Tampoco hubo liderazgo ni coraje político para detener ni acusar a los jueces por la inconstitucional resolución de la Tercera Sala de la Corte Suprema, que según el Observatorio Judicial constituye una grave alteración del orden democrático al reinterpretar la ley. Esta crisis se incubó por años: la falta de corrección oportuna del mecanismo de reajustabilidad del sistema privado en los 2000, advertido en su momento por ministros de la Corte; la resolución del Tribunal Constitucional de 2010 que terminó por judicializar el sistema y el traspasar del problema al Ejecutivo. Todo ello derivó en la crisis integral que hoy enfrentamos.

Pero no hay noche que no termine en amanecer. La crisis actual debe invitarnos a reflexionar. Todos queremos un sistema de salud mejor para Chile, más allá de las diferencias políticas. Y para avanzar, debemos enfrentar tres debates fundamentales.


1. El sistema debe poner al paciente en el centro

El juramento hipocrático es claro: “La salud de mis pacientes será la prioridad de mi trabajo.” Sin embargo, ese espíritu se ha ido perdiendo. Hoy la discusión se concentra en si debemos avanzar hacia un seguro único estatal —como propone el actual gobierno, con un monopolio público y el sector privado relegado a un “segundo piso”— o hacia un modelo donde los pacientes elijan libremente a su prestador, público o privado.

Algunos economistas defienden el seguro único como mecanismo de racionalización del gasto. Pero surge una pregunta esencial: ¿puede un burócrata asignar recursos mejor que las propias personas? La libre elección, por sí misma, tiende a generar una asignación más eficiente.

La alternativa es subsidiar directamente al paciente, permitiéndole decidir dónde atenderse. Éste es el primer nudo que debemos desatar.


2. Modernizar el Estado: un desafío postergado por décadas

Aunque la modernización del sector público ha sido ampliamente estudiada, el área de salud suele quedar fuera por su complejidad, pese a ser una de las más costosas junto con educación. Intentos como el Informe Caldera, liderado por el exministro Carlos Massad, fueron sistemáticamente bloqueados por gremios que se oponen a cualquier cambio.

Sobran ejemplos: la paralización del programa de concesiones, que junto con el plan AUGE durante el gobierno del expresidente Lagos habría significado un avance relevante y cuya detención retrasó proyectos emblemáticos —como el Hospital Salvador— por más de diez años, por razones estrictamente ideológicas. La oposición del Colegio Médico a la fiscalización de licencias médicas, semanas antes de que la Contraloría revelara un fraude masivo —incluido un médico con más de 21 mil licencias—. La decisión de instalar en Providencia una sede del Hospital Félix Bulnes, con altos costos de traslado de pacientes y personal. O hospitales multimillonarios aprobados por dos ministerios que hoy no cumplen normas básicas de arquitectura hospitalaria.

Modernizar exige decisiones estructurales: reformar el Ministerio con una visión macro respaldada por una comisión multidisciplinaria; concesionar la red hospitalaria; implementar ficha clínica única y licencias médicas digitales mediante concesiones; corregir el sistema de compras públicas —hoy con severos sobregastos—; profesionalizar la gestión con directorios corporativos; y permitir que los hospitales capten inversión privada y donaciones.


3. Educación sanitaria y prevención: la salud no está en el hospital

La salud se construye en el entorno, no en el hospital. Por ello, urge un Plan Nacional Preventivo que integre el trabajo de mutualidades, centros de salud familiar y la red hospitalaria, con recursos dirigidos a reforzar la medicina familiar.

Chile necesita políticas sólidas en nutrición, actividad física, salud mental, salud bucal y una legislación más estricta sobre alimentos. Debemos también prepararnos para el gran desafío demográfico: el rápido envejecimiento de la población.

Y debemos cuidar a quienes cuidan. Se requieren políticas claras de protección para los trabajadores de la salud, fortalecer la carrera funcionaria y establecer mecanismos efectivos contra las agresiones.

Finalmente, un seguro universal catastrófico debe proteger a las familias frente a enfermedades graves, bajo un sistema solidario que evite la ruina financiera por razones de salud.


Un diagnóstico claro para un futuro posible

La crisis sanitaria que vivimos es resultado de un diagnóstico errado durante años, marcado por dogmas, improvisación y gestión desvinculada de la evidencia. Pero salir de esta crisis es posible si logramos un acuerdo amplio, con políticas públicas centradas en el paciente y no en ideologías o intereses corporativos.

Chile merece un sistema de salud digno, moderno y eficiente. Las soluciones existen; lo que falta es voluntad y liderazgo político para implementarlas.


Santiago, 20 de noviembre de 2025


Mail: jcalderonr@fen.uchile.cl WhatsApp +56 9 98797195



Artículo publicado en El Mostrador el domingo 23 de noviembre de 2025

viernes, 24 de octubre de 2025

REFORMA DE SALUD: CORAJE Y GENEROSIDAD

El sistema de salud debe ocupar un lugar importante en el debate público. No basta con deseos inalcanzables ni promesas de corto aliento haciendo más de lo mismo. Se requiere una transformación profunda que inevitablemente trascenderá los ciclos políticos.

El diagnóstico es inequívoco: el sistema de salud chileno necesita una reforma estructural que valore los derechos de los pacientes. En primer lugar, es imperativo avanzar hacia un modelo de colaboración público-privada que garantice el derecho a elegir libremente el sistema de aseguramiento con un financiamiento mixto que asegure acceso igualitario, oportuno y de calidad. Fonasa debe evolucionar hacia un gran asegurador nacional abierto a delegar funciones, a mutualizar riesgos con aseguradores e Isapres y promover eficiencia y libre elección.

En segundo lugar, resulta esencial la modernización del Estado en gobernanza, gestión y tecnología. No es aceptable que, pese a un aumento del 400% real del gasto público en las últimas dos décadas, persistan listas de espera, retrasos en tratamientos críticos como el cáncer y una infraestructura hospitalaria subutilizada. La planificación sanitaria debe considerar tanto la inversión inicial, como los costos operacionales de los establecimientos hospitalarios y ambulatorios, más allá de la construcción de nuevos recintos sin evaluación rigurosa. Casos como los hospitales Rengo, Melipilla, Institutos de Neurología y del Cáncer, Del Salvador, Antofagasta, entre varios otros con retrasos manifiestos son un llamado de atención que no puede ignorarse.

En tercer lugar, la excesiva dependencia de los hospitales al MINSAL, la politización de los gremios y la falta de gestión deben abordarse con una nueva visión estratégica, multidisciplinaria y respaldada por un marco jurídico moderno. Es imperioso concesionar la gestión de redes hospitalarias y ambulatorias y mejorar las compras públicas, junto a un robusto servicio de telemedicina y un sistema informático interoperable. Asimismo, aquellos establecimientos que mantengan administración estatal deberán contar con directorios profesionales responsables de rendir cuentas, innovar y atraer inversión. En materia de licencias médicas se deberán establecer nuevas normas que desestimulen su uso, involucren al empleador y fortalezcan la institucionalidad del COMPIN con obligaciones de rendición de cuenta pública del gasto en ese beneficio social.

En cuarto lugar, la prevención y la educación sanitaria debe convertirse en uno de los pilares del sistema, aunque su implementación requiere indefectiblemente un desarrollo simultáneo de la gestión hospitalaria. Proponemos la creación de un sistema nacional preventivo, articulado con otros ministerios (Educación, Transportes y Economía), municipalidades, mutualidades y hospitales, que enfrente desafíos como la obesidad infantil, el síndrome la drogadicción, accidentes del tránsito, la salud mental y bucal, especialmente en los sectores más vulnerables.

No menos importante es avanzar hacia un nuevo estatuto del trabajador sanitario, que promueva el desarrollo profesional, reconozca el mérito y proteja a los funcionarios de agresiones, aunque asimilado al Código del Trabajo.

En suma, el próximo gobierno deberá garantizar la libertad de elección en salud de sistemas que combinen cobertura universal, protección financiera y equidad, con propuestas de salud basadas en el rigor técnico y económico. No se trata de ideología, sino de coraje y generosidad: coraje para enfrentar a quienes por años han defendido el statu quo y los intereses corporativos, y generosidad para impulsar reformas cuyos frutos serán cosechados por gobiernos venideros.


Rafael Caviedes Duprà. Ex director de Fonasa. Máster en Economía (U. de Navarra)
Jaime Calderón Riveros Ingeniero Comercial (Fen U de Chile)



Madrid/Santiago, octubre 24, 2025



Columna de El Mercurio del lunes 10 de noviembre del 2025
Link https://www.elmercurio.com/blogs/2025/11/10/129245/reforma-de-salud-coraje.aspx



jueves, 16 de octubre de 2025

SALUD Y SANIDAD: MÁS QUE UN ESLOGAN

Jaime Calderón R.
Rafael Caviedes D.


La salud debe ser reconocida como un derecho fundamental y abordada como política de Estado más allá de coyunturas partidarias.


La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no únicamente la ausencia de enfermedad. Se trata de un concepto dinámico, complejo y multifactorial, influido por determinantes biológicos, sociales, ambientales y conductuales. En cambio, la sanidad corresponde al conjunto de servicios, instituciones y políticas públicas orientadas a garantizar el acceso a las prestaciones médicas, preservar y mejorar la salud de la población. Incluye la atención primaria, hospitales, campañas de prevención, regulación sanitaria y vigilancia epidemiológica.

En Chile, como en muchos países, ambos conceptos se suelen mezclar. Esta confusión lleva a reducir la sanidad a una cuestión exclusivamente médica, ignorando su carácter interdisciplinario. El sistema sanitario involucra no solo a profesionales clínicos (médicos, enfermeras, matronas), sino también a economistas, ingenieros, arquitectos, gestores y otros actores que contribuyen al diseño, implementación y evaluación de políticas sanitarias.

Es fundamental comprender que la salud no depende exclusivamente de la infraestructura hospitalaria ni del número de funcionarios. Su construcción responde a múltiples determinantes: condicionantes socioeconómicos, antecedentes genéticos, estilos de vida, entorno físico y acceso efectivo a servicios de prevención, promoción y atención integral. La medicina familiar, la educación sanitaria y la promoción de hábitos saludables son pilares esenciales en este enfoque.


Indicadores Críticos de Salud en Chile

La situación epidemiológica nacional refleja desafíos estructurales. La obesidad afecta al 42% de la población, evidenciando fallas en políticas de alimentación y actividad física. El consumo nocivo de alcohol alcanza al 42% de los adultos, con un 26% de prevalencia entre jóvenes de 18 a 24 años. El envejecimiento poblacional plantea exigencias crecientes al sistema, especialmente en enfermedades crónicas como el cáncer y neuropsiquiátricas, pues contribuyen al deterioro de los años de vida ajustados por discapacidad. La salud bucal, históricamente relegada, continúa siendo una deuda sanitaria con impacto directo en la calidad de vida. Asimismo, debe abordarse el sobre uso del reposo médico, el que duplica las tasas de uso al comienzo de este siglo.

Estos datos confirman que la salud debe abordarse desde una perspectiva integral, superando el enfoque curativo y reconociendo su dimensión social, económica, preventiva y comunitaria.


Sistema Mixto: Tensiones y Oportunidades**

Chile opera bajo un modelo mixto de provisión de servicios de salud muy imperfecto. Si bien, el sistema privado atiende el 47% de las prestaciones (con solo el 20% de las camas) estas se financian principalmente mediante gasto directo de los usuarios o seguros voluntarios. De hecho, Chile es uno de los países de la OCDE con mayor gasto de bolsillo. Esta segmentación se explica, en parte, por una asignación arbitraria e ineficiente de los subsidios fiscales, puesto que se dirigen solo a la oferta institucional pública y no a las personas como debería ser, ajustados por riesgo y capacidad de pago.

Ello queda ampliamente demostrado pues, a pesar del importante incremento presupuestario del sector público en los últimos 25 años, la baja productividad y subutilización de infraestructura crítica -como pabellones quirúrgicos- ha limitado la capacidad resolutiva del sistema público. Según la Comisión Nacional de Productividad, una gestión más eficiente hubiese permitido reducir significativamente las listas de espera.


Modernización del Estado: Una Necesidad Estratégica**

La transformación del sistema de salud requiere una modernización institucional profunda. Este proceso ha sido obstaculizado por estructuras de cogobierno gremial que dificultan la implementación de reformas. No obstante, muchas experiencias internacionales exitosas como la colaboración público-privada y la transformación digital en hospitales públicos demuestran que es posible caminar hacia modelos más eficientes.

Es imprescindible crear un Ministerio de Salud con enfoque técnico, visión estratégica y asesoría multidisciplinaria. Por su parte, la gestión hospitalaria debe independizarse de la captura política de los gobiernos de turno, profesionalizarse mediante un marco jurídico adecuado, directorios técnicos, orientados por criterios clínicos, de ingeniería sanitaria y de innovación continua, alejados de interferencias políticas.

La reforma del Estatuto Administrativo y Municipal, junto con la modernización del modelo de gestión financiera, son condiciones necesarias. Asimismo, la tecnología actual hace posible implementar la interoperabilidad de la historia clínica única. Del mismo modo, se debe avanzar en la creación de un nuevo seguro de licencias médicas, con administración y financiamiento independiente al de salud, totalmente digital y controlado mediante IA. Finalmente, se debe fomentar la inversión privada pero no sólo mediante concesiones de infraestructura, sino que se debe progresar en las concesiones de gestión clínica “de bata blanca” con esquemas basados en pagos capitados y resultados clínicos según calidad y oportunidad, que garanticen la equidad en el acceso y promuevan la innovación, la competencia y el servicio al paciente.


Prevención: Pilar de la Salud Pública

La prevención debe constituir el eje central de toda política sanitaria. Para ello, es prioritario fortalecer los Centros de Salud Familiar como puerta de entrada al sistema, integrarlos con la red hospitalaria y desarrollar un Sistema Nacional de Salud Preventiva. En comunas, donde sea pertinente, también se deben considerar las concesiones de atención primaria, para mejorar la cobertura, la innovación y la eficiencia.

La educación sanitaria debe institucionalizarse como política pública. Programas de medicina familiar, del adulto mayor, nutrición, salud mental y actividad física deben formar parte de una estrategia nacional articulada. La creación de centros especializados en salud mental es urgente ante el aumento sostenido de patologías neuropsiquiátricas.


Hacia un Sistema Universal y Oportuno

La equidad en el acceso a servicios de salud debe ser el principio rector. Esto implica transitar hacia un sistema de seguros universales, con libertad de elección entre seguros públicos y privados, y subsidios estatales ajustados por riesgo e ingreso. La implementación de un seguro catastrófico obligatorio, de nuevas formas de concesiones de gestión, un nuevo marco jurídico para la administración financiera de los establecimientos de salud y un estatuto especial, flexible, similar a las leyes laborales para los trabajadores sanitarios del SNSS y municipales, son medidas claves para garantizar justicia sanitaria.

La salud debe ser reconocida como un derecho fundamental y abordada como política de Estado, más allá de coyunturas partidarias. Un sistema centrado en la persona, basado en la prevención y en la gestión eficiente de recursos, es esencial para garantizar el bienestar de la población.




Rafael Caviedes Duprà                                              Jaime Calderón Riveros
Master Economía U. Navarra                          Ingeniero Comercial (Fen U. de Chile)





Artículo publicado en El Libero el domingo 19 de octubre del 2025 

miércoles, 24 de septiembre de 2025

Los nudos de la salud en Chile

Por Jaime Calderón Riveros
Ingeniero Comercial (FEN – Universidad de Chile)

La situación del sistema de salud en Chile es dramática. Millones de pacientes se encuentran en listas de espera, miles de cirugías han sido postergadas, y más de quince mil personas con cáncer ven sus tratamientos dilatados. Esto, a pesar de que el gasto público en salud se ha duplicado en términos reales durante la última década, según datos de la Dirección de Presupuestos.

El sistema enfrenta un colapso funcional que el próximo gobierno deberá abordar con urgencia y decisión. Hay cinco grandes nudos que deben resolverse para modernizar la salud pública y orientarla hacia el ciudadano.


1. El paciente en el centro del sistema

Toda política pública en salud debe tener como eje al paciente, quien debe poder elegir libremente el seguro en el que desea atenderse. Sin embargo, esta visión choca con una concepción antigua que promueve el monopolio del Estado en la atención, limitando la libertad de elección y, en muchos casos, provocando un uso ineficiente de los recursos.


2. Modernización del Estado en salud

Modernizar el Estado ha sido una consigna repetida pero poco ejecutada, especialmente en el sector salud, donde los gremios ejercen una fuerte resistencia. Esta transformación tiene varias dimensiones:
  • Visión interdisciplinaria: La salud no es solo medicina, sino también prevención, gestión, tecnología y planificación. Se requiere una autoridad sanitaria con una mirada amplia, apoyada por un comité consultivo de expertos en medicina, epidemiología, enfermería, economía, arquitectura hospitalaria e ingeniería (faltan los Edgardo Boeninger, Carlos Massad, Ricardo Lagos en salud)
  • Transformación digital: Es urgente implementar una ficha clínica única, universal y digital; un sistema de control transparente de listas de espera; y una plataforma electrónica independiente para las licencias médicas. Este ambicioso proyecto debe desarrollarse mediante concesiones que incorporen inversión privada.
  • Reorganización institucional: El Ministerio de Salud necesita una estructura moderna, con vicepresidencias ejecutivas especializadas en áreas clave como prevención, desarrollo de enfermedades, arquitectura sanitaria y gestión hospitalaria. Los hospitales deben operar como unidades económicas con directorios corporativos y gerencias profesionales, orientadas a la productividad y eficiencia.
  • Formación y distribución de capital humano: La capacitación en nuevas tecnologías y ciencias de la salud, así como la gestión de campus clínicos, debe ser una política de Estado desarrollada en conjunto con las Facultades de Medicina. Las sociedades científicas deben enfocarse en su rol académico y evitar vínculos económicos con proveedores.
Lamentablemente, soy escéptico respecto a los avances en esta área, considerando experiencias pasadas como los diez años que tardó la implementación de la tabla única de factores tras el fallo del Tribunal Constitucional en 2010, o la resistencia gremial al “Informe Caldera” del exministro Carlos Massad que modernizaba el sector. Más recientemente, el Colegio Médico se opuso a la fiscalización poco antes de revelarse un millonario fraude por parte de la Contraloría.


3. Prevención como pilar del sistema

Es imperativo desarrollar un gran plan nacional preventivo en salud, que articule la red hospitalaria, los CESFAM y las mutualidades. Debemos tomar el ejemplo de culturas milenarias como la china, que enseñan a “actuar antes de que la enfermedad aparezca”. Exámenes como diagnóstico por imágenes, mamografías, colonoscopias y ecografías deben estar integrados al sistema de manera sistemática. Problemas como la obesidad infantil, el alcoholismo juvenil, la salud bucal y la salud mental requieren una estrategia estructural y preventiva ¿Es el servicio militar social remunerado una herramienta del Estado para enfrentar el grave problema de la drogadicción y alcoholismo juvenil?


4. Protección al personal de salud

El personal sanitario merece seguridad laboral y una carrera funcionaria clara. Se necesita con urgencia un Estatuto de los Trabajadores de la Salud que garantice derechos, estabilidad e incentivos para el desarrollo profesional, fortaleciendo así uno de los pilares del sistema.


5. Seguro catastrófico obligatorio

Finalmente, se debe establecer un seguro único catastrófico obligatorio que proteja a las familias ante enfermedades de alto costo, que muchas veces significan la ruina económica tras una vida de trabajo. Esta medida, enmarcada en los principios de la seguridad social, debe basarse en la solidaridad más que en la confrontación o en las protestas, por más justificadas que sean.


El sistema de salud es complejo, diverso y profundamente humano. Afecta directamente la vida de las personas y, por tanto, debe ser tratado con altura de miras. Resulta inaceptable que, en pleno siglo XXI, no sepamos con certeza cuántos pacientes esperan atención, que las licencias médicas estén sumidas en el desorden y fraude, o que se use la salud como trampolín político.

Es hora de actuar con generosidad, visión de futuro y responsabilidad. La salud de Chile no puede seguir esperando.



Santiago, setiembre 24, 2025



Artículo publicado en El Libero el domingo 28 de setiembre del 2025
Link Los nudos de la salud en Chile - El Líbero

lunes, 4 de agosto de 2025

Concesiones en Salud: El Rol de la Ingeniería en la Modernización del Estado

Jaime Calderón Riveros (Ingeniero Comercial Fen U de Chile)
Santiago, agosto 4, 2025


El sistema de concesiones ha sido un motor clave en la modernización de Chile, permitiendo el desarrollo de infraestructura estratégica en diversas áreas como autopistas, puertos, cárceles, salud. Esta política pública comenzó en 1993, bajo la gestión del entonces ministro de Obras Públicas Ricardo Lagos Escobar, y alcanzó su mayor impulso durante el gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle (1994–2000). A través de este modelo, el Estado licita a privados la construcción, operación y mantenimiento de obras públicas a cambio de una tarifa, todo en el marco de contratos de largo plazo.

Este sistema ha permitido implementar soluciones eficientes en contextos donde el Estado no dispone de los recursos suficientes para ejecutar proyectos directamente. Basta imaginar el impacto que habría tenido el crecimiento del parque automotor sin la red de autopistas urbanas concesionadas. Entre 1993 y 2022, se adjudicaron más de 100 contratos por un total de 27 mil millones de dólares, de los cuales el 75% se destinó a autopistas, y solo un 10% al ámbito hospitalario. Para el período 2024–2028, el Ministerio de Obras Públicas proyecta licitar 24 nuevos proyectos por un valor estimado de 17,6 mil millones de dólares. Hoy, el sistema de concesiones representa el 0,3% del PIB, incentivando fuertemente la inversión privada.


Concesiones en Salud: Un Aporte Decisivo

La incorporación del modelo de concesiones al sector salud ha sido más compleja y controversial. Un ejemplo paradigmático es el Hospital del Salvador, cuya concesión estuvo lista para firmarse al final del gobierno de Ricardo Lagos, pero fue detenida por la administración siguiente debido a la presión de gremios del sector y razones ideológicas. Este retraso implicó más de una década de demora; actualmente, se espera que el hospital entre en funcionamiento recién en 2026.

En 2009, se lanzó un ambicioso plan de concesiones hospitalarias por U$ 900 millones de dólares, incluyendo al Hospital del Salvador, el Hospital Sótero del Río y el Hospital Félix Bulnes. Desde entonces, se han sumado nuevos proyectos, y hoy existen 18 hospitales concesionados en ejecución, los cuales representan aproximadamente el 10% de las camas del sistema hospitalario nacional.

Según informes del Ministerio de Salud y del Ministerio de Obras Públicas, estos hospitales han costado hasta un 30% menos que los construidos mediante métodos tradicionales. Por ejemplo, el Hospital de Maipú tuvo un costo de 46,1 UF/m² y el del Salvador, 40 UF/m², comparado con los 58,5 UF/m² de construcciones públicas convencionales. Asimismo, presentan un 13% de menores costos totales y un 12% de reducción en los tiempos de ejecución.

A pesar de estos beneficios, el 80% de los proyectos ha sufrido retrasos, principalmente por problemas de diseño y coordinación entre el MINSAL y el MOP.


Desafíos y Mejora del Sistema de Concesiones en Salud

El principal desafío es comprender que la salud pública es un ámbito multidisciplinario. A menudo se confunde con la medicina —enfocada en sanar—, pero la salud es mucho más: implica el equilibrio orgánico y la prevención, y requiere la participación de médicos, enfermeras, arquitectos, ingenieros, economistas y otros profesionales. Esta diversidad de actores es una de las causas de la descoordinación institucional que afecta los proyectos concesionados.

Además, existe una resistencia histórica por parte de los gremios de la salud. Algunos sectores, inspirados en la escuela de salubridad pública de los años 50, consideran que el Estado debe no solo financiar, sino también proveer directamente los servicios. Desde esta perspectiva, se cuestiona que el paciente pueda elegir libremente a qué sistema de salud afiliarse, limitando la apertura a modelos mixtos.

Otro punto crítico es la falta de coordinación técnica. Las especificaciones para el equipamiento médico —a menudo copiadas de catálogos sin mayor análisis— generan sobrecostos y distorsiones. No es raro encontrar equipos de alto valor almacenados durante años en bodegas hospitalarias porque no se consideró su instalación, operación o mantención. Aquí, el rol de la ingeniería y la arquitectura hospitalaria es fundamental, no solo en el diseño físico, sino en la planificación estratégica de la red asistencial.


Hacia Nuevas Concesiones en Salud: Un Proyecto Informático Nacional

En pleno siglo XXI, resulta inaceptable que Chile no cuente con una base de datos precisa de pacientes en listas de espera. Casos como el fraude en licencias médicas o la falta de una ficha médica electrónica universal exponen un sistema que requiere urgente modernización.

Proponemos un proyecto informático nacional que digitalice y conecte todos los niveles del sistema de salud, integrando exámenes, diagnósticos e historiales clínicos en una sola plataforma interoperable. Este proyecto —el más ambicioso en décadas— podría ser desarrollado mediante concesiones, incorporando inversión privada y gestión eficiente.


Conclusión

El sistema de concesiones ha demostrado ser una herramienta efectiva para la modernización del país, y su aplicación al ámbito de la salud no debería ser la excepción. Si se superan las resistencias ideológicas y se mejora la coordinación interinstitucional, el potencial transformador de este modelo podría entregar un sistema de salud más eficiente, moderno y justo para todos los chilenos. La ingeniería, como disciplina integradora y resolutiva, tiene aquí un rol protagónico en el diseño del futuro.


Fuentes:
  • CPI: Cuenta Pública 2005–2022
  • Dirección General de Concesiones (COPSA): Informes Oficiales 1993–2002
  • Proyección cartera MOP 2024–2028 (Biblioteca)
  • Ministerio de Salud

Artículo publicado el El Libero el 27 de agosto de 2025
Link Concesiones en salud: ingeniería y modernización del Estado - El Líbero

viernes, 25 de julio de 2025

El Láser en Dermatología: Tecnología, Mercado y Consideraciones para su Elección

Por Jaime Calderón Riveros


Panorama del Mercado Global

Se estima que para el año 2024 el mercado de los láseres dermatológicos se moverá entre los US$ 3.500 millones y US$ 4.200 millones, con un crecimiento sostenido proyectado para los próximos años. El grupo Cynosure-Lutronic lidera actualmente el sector, con ventas cercanas a los US$600-U$ 800 millones, seguido por Candela, Lumenis y Cutera, cuyas ventas oscilan entre US$ 400 y US$ 800 millones.

Fabricantes como Alma Laser y Fotona manejan cifras anuales entre US$ 100 y US$ 400 millones. Por su parte, el mercado chino se estima en US$ 800 millones y se proyecta que alcanzará los US$ 2.100 millones en 2030, impulsado por una fuerte industrialización local.


Principales Fabricantes y Tecnologías

1. Cynosure-Lutronic (EE.UU.)

Tras la adquisición de Lutronic, Cynosure consolidó su liderazgo. Entre sus principales equipos destacan:
  • PicoSure: único láser dermatológico de picosegundo con tecnología Alexandrita 755 nm. Su lente fraccional no ablativa Focus está aprobada por la FDA para tratar pigmentaciones, arrugas y cicatrices de acné. Su eficacia en tatuajes se debe a su múltiple longitud de onda (532 nm, 755 nm, etc.).
  • Elite+: combina Alexandrita 755 nm y Nd:YAG 1064 nm para depilación, lesiones vasculares y foto-rejuvenecimiento.
  • eCO2 (Lutronic): láser fraccional ablativo de CO2 para cicatrices, rejuvenecimiento y léntigos.
  • Icon (Palomar): plataforma que incluye láser no ablativo de 1540 nm, Nd:YAG 1064, láser Er:YAG 2940 nm y diversos módulos IPL. Palomar fue pionero en el desarrollo del IPL.
  • Hollywood Spectra: láser Q-Switched de 532/1064 nm, muy popular en redes sociales por su efecto inmediato. Se usa en melasma, tatuajes y rejuvenecimiento.
  • Revlite (Cynosure/Hoya ConBio): láser Q-Switched con tecnología PTP, el más citado la literatura médica. Opcionalmente, se le agregan piezas Dye 585 y 650 nm.

2. Lumenis (Israel)

Lumenis, reconocido por su innovación (incorporó la línea Sharplan, pioneros en CO2):
  • Stellar M22: plataforma con cuatro tecnologías (IPL, láser no ablativo 1565 nm, Nd:YAG 1064, Q-Switched) para tratar desde tatuajes hasta estrías.
  • LightSheer (Duet, Quattro): sistemas de depilación con longitudes de onda de 805 y 1060 nm para grandes áreas y distintos fototipos.
  • UltraPulse Alpha: láser de CO2 fraccional ablativo, considerado el estándar en su categoría, aunque con un alto costo.

3. Candela (EE.UU.)

Candela es líder en tratamientos vasculares:
  • GentleMax Pro: combinación de Alexandrita 755 nm y Nd:YAG 1064 nm para depilación, pigmentaciones y lesiones vasculares.
  • Vbeam / Perfecta / Vbeam Prima: láser de colorante pulsado 595 nm ideal para rosácea, telangiectasias y marcas vasculares.
  • PicoWay: láser de picosegundo con longitudes de 532, 730, 785 y 1064 nm (sin Alexandrita 755 nm).

4. Alma Laser (Israel)

Destacado por sus sistemas de depilación y su presencia comercial en Chile.
  • Soprano ICE/Platinum: tecnología SHR para depilación con longitudes combinadas (755/810/1064 nm).
  • Plataforma Harmony PRO: incluye múltiples tecnologías como Q-Switched Nd:YAG, láser fraccional Er:YAG, láser no ablativo 1540 nm, IPL y diodo 520 nm.

5. Deka (Italia)

Es parte del grupo industrial El.En de Florencia, Italia.
  • SmartXide DOT/TRIO: láser de CO2 con tecnología DOT, y en su versión TRIO incorpora radiofrecuencia.

6. Cutera (EE.UU.)

Empresa que cotiza en la Bolsa con fuerte enfoque en dermatología:
  • Excel HR: láser dual (Alexandrita 755 nm + Nd:YAG 1064 nm) para depilación, pigmentaciones y vasculares.

7. Fotona (Eslovenia)

Famosa por su fuerte inversión en I y D con varios Ph en láser que incorporan innovación en estética, odontología y ginecología:
  • TimeWalker 4D: tecnología Er:YAG no ablativa para rejuvenecimiento facial, pigmentaciones y líneas finas.

8. Sciton (EE.UU.)

Empresa de California con fuerte I+D y equipos durables:
  • Plataforma Joule/JouleX: sistema modular con hasta 10 aplicaciones clínicas, desde CO2, BBL, peelings hasta tratamientos vasculares.

9. Tecnología China

Con más de una decena de fabricantes confiables (ej. ApoloMed), ofrecen:
  • Láseres CO2 con tubo cerámico (mayor duración)
  • IPL con RF con excelentes resultados con notable economía de costos.
  • Nd:YAG 532/1064 nm y láseres de picosegundo
  • Equipos de menor costo con resultados clínicos similares a los occidentales en aplicaciones básicas

Cómo Elegir la Tecnología Adecuada

Se deben considerar tres variables clave:
  • Patologías para tratar: ¿Melasma, cicatrices, rejuvenecimiento, acné, tatuajes, lesiones vasculares? Definir claramente que patologías se quieren abordar.
  • Tamaño y tipo de institución: Consulta pequeña, centro estético o hospital de alta complejidad. Es básico entender esto.
  • Respaldo tecnológico y experiencia comprobada (internacional y local).

Recomendaciones Prácticas por Tecnología
  • CO2 fraccional: Para rejuvenecimiento y léntigos. Recomendamos equipos económicos con tubo cerámico como el HS-811 de ApoloMed. Si se desea invertir más, considerar Lutronic CO2e o Deka SmartXide. Para aplicaciones de microcirugía o grandes centros hospitalarios que tengan presupuesto, el CO2 Ultrapulso.
  • 532/1064 nm: Para melasma, pigmentaciones y tatuajes. El Revlite de Cynosure sigue siendo líder confiable. Alternativa: Hollywood Spectra.
  • 755/1064 nm: Efectivo en depilación, pigmentaciones y lesiones vasculares. Candela GentleMax Pro y Cynosure Elite son líderes.
  • Picosegundo: El Picosure (único con 755 nm Alexandrita) sigue siendo el más efectivo. De lo contrario se recomiendan alternativas chinas que ofrecen buena relación precio/calidad.
  • IPL: Alma Soprano es confiable pero costoso. El modelo HS-665 ApoloMed ofrece mismos resultados a menor precio.
  • Plataformas combinadas: Icon de Palomar y Stellar M22 de Lumenis son destacables y confiables El nuevo Sciton Joule ofrece buena innovación, aunque su futuro no se conoce por posibles fusiones. Demasiadas tecnologías en un equipo, a veces es problemático y no siempre han sido exitosas.


Aspectos Éticos y de Gestión

La decisión de invertir en tecnología médica debe considerar factores técnicos y éticos:
  • Objetivo claro: ¿Qué patologías queremos abordar realmente?
  • Evitar conflictos de interés: Patrocinios, comodatos y precios inflados en insumos para que los pacientes financien los equipos deben ser transparentes y regulados.
  • Falta de formación técnica en compras públicas: urge integrar ingenieros biomédicos e ingenieros técnicos en procesos decisionales, no relegarlos a los subterráneos de los hospitales.
  • Propuesta práctica: Reuniones abiertas con 3–4 proveedores principales, usuario final y gerencia, con presentaciones simultáneas, breves pero informadas.


Conclusión

La tecnología láser en dermatología ha avanzado notablemente, pero su correcta incorporación requiere una mirada técnica, ética y estratégica. En Chile, contamos con proveedores confiables como Torregal que ha trabajado muy bien la línea Alma Laser, MCI Spa que introdujo la tecnología israelí en láser de CO2, la cirugía refractiva (Lasik), el primer proyecto público en retinopatía diabética entre otros. Otros proveedores como ATM surgieron de levantar líneas a MCI (Tecnolaser en ese tiempo) e IMV hizo lo mismo con ATM. El libre emprendimiento, la competencia y la honradez y ética son pilares de una economía de mercado. El problema de la globalización con compras y recompras de empresas es otro problema. En mi opinión, se deberían promover holding de servicios para mejorar la atención técnica y evitar la atomización. En relación con la tecnología china se aconseja comprar a fabricantes y no intermediarios que envían equipos sin ningún registro, número serie, año fabricación. Esto debería ser detenido por las aduanas. El asesor tecnológico en salud a nivel de directorio es un aporte trascendente en las organizaciones de salud modernas.

Mejorar la salud en Chile es tarea de todos.



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Santiago, julio 25, 2025



lunes, 21 de julio de 2025

Del legado del Dr. Monckeberg al colapso del sistema: La urgente necesidad de un acuerdo nacional en salud

Por Jaime Calderón Riveros
Ingeniero Comercial (FEN U. de Chile)

Santiago, 21 de julio de 2025


En la década de 1970, Chile enfrentaba una crisis sanitaria alarmante: la desnutrición infantil afectaba al 70% de los niños y la esperanza de vida apenas superaba los 39 años. En ese sombrío panorama, emergió una figura clave: el Dr. Fernando Monckeberg Barros. Su enfoque multidisciplinario, basado en la prevención y la atención primaria, transformó radicalmente la salud pública del país.

“Fue producto de las circunstancias”, dijo alguna vez. Pero su labor estuvo lejos de ser casual. Monckeberg promovió políticas públicas integrales que incluyeron acceso a agua potable, saneamiento, vacunación, control del niño sano y fortalecimiento de la atención primaria. En 1975 fundó el Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA), entendiendo que la desnutrición era más que falta de comida: era un síntoma del subdesarrollo.

Un año después creó la Corporación para la Nutrición Infantil (CONIN), que no solo proporcionaba alimentación, sino también estimulación afectiva y apoyo integral a niños con desnutrición severa. El impacto fue profundo: la tasa de desnutrición infantil cayó de 200 por mil a solo 7 por mil. Se trata de uno de los casos más exitosos de políticas de salud pública en América Latina.


Del hambre a la obesidad: la nueva pandemia invisible

Hoy, sin embargo, el país enfrenta un desafío opuesto, pero igual de preocupante: la obesidad infantil. El Dr. Fernando Vio del Río la ha definido como “la pandemia invisible”, por su avance silencioso pero devastador. Esta condición, vinculada a enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión y problemas de salud mental, amenaza con triplicar el gasto público en los próximos años.

A ello se suma el alarmante aumento del consumo de alcohol en jóvenes: según SENDA, el 53% de los estudiantes que bebe se embriagó al menos una vez en el último mes, lo que a su vez facilita el uso de drogas como marihuana y pasta base.

La salud mental también está en crisis: un 24,6% de los chilenos sufre trastornos como ansiedad o depresión, según estudios de la UC y la Asociación Chilena de Seguridad. Y en salud bucal, el panorama no mejora: el 62% de la población considera su salud dental como regular o mala.


Un sistema al borde del colapso

Todo esto ocurre en un sistema de salud tensionado al máximo. Las listas de espera alcanzan cifras dramáticas, con millones de pacientes sin atención oportuna. Más de 15.000 personas con cáncer no han recibido tratamiento a tiempo. El retraso en cirugías es generalizado.

Y aunque el gasto público en salud ha crecido un 79% en la última década —con un récord histórico de un billón de pesos en 2024, según la DIPRES—, esa inversión no ha traído mejoras proporcionales en calidad o cobertura. El sistema parece haber llegado a un punto de inflexión.


¿Cómo avanzar hacia una solución real?

La respuesta no es sencilla. Durante décadas, Chile ha improvisado en salud pública. Las soluciones han sido parches, atrapadas entre ideologías, gremios politizados y una academia que no ha incorporado adecuadamente los avances tecnológicos, administrativos de la economía moderna.

Además, decisiones judiciales como la controvertida resolución de la Tercera Sala de la Corte Suprema —alertada por el Observatorio Judicial— han generado una profunda incertidumbre jurídica, afectando la inversión privada, que ha sido un pilar importante del sistema. Ni el Poder Ejecutivo ni el Legislativo mostraron el liderazgo necesario para corregir esta situación.

Frente a este panorama, proponemos cuatro pilares para una reforma real:

1. El paciente al centro
Toda política debe girar en torno al paciente. Debe poder elegir libremente entre seguros públicos o privados. Como decía pragmáticamente Deng Xiaoping: “No importa el color del gato, sino que cace ratones”.
 
2. Modernizar el Estado
Es necesario reformar profundamente el Ministerio de Salud, con liderazgo técnico y político. Se requieren hospitales con directorios profesionales, red hospitalaria modernizada vía concesiones, fichas clínicas universales, y un sistema digital robusto para licencias médicas electrónicas, y gestión sanitaria.

3. Invertir en prevención
La clave está en focalizar el gasto en programas preventivos con herramientas modernas como diagnóstico por imágenes, mamografías, colonoscopias y medicina familiar. Es urgente crear un Sistema Nacional Preventivo de Salud, coordinado por la red hospitalaria, los CESFAM y las mutualidades. Medicina familiar y planes de alfabetización sanitaria son esenciales para avanzar en salud.

4. Un seguro catastrófico universal y protección al personal de salud
Debemos establecer un seguro catastrófico que proteja a los ciudadanos ante enfermedades graves. Además, urge crear un Estatuto del Trabajador de la Salud que garantice carrera funcionaria y protección ante agresiones.


Hacia un gran acuerdo nacional en salud

Chile necesita una política de salud de Estado, no de gobierno. Una visión a largo plazo, justa, centrada en las personas, sin discriminación ni burocracia paralizante. Un pacto transversal que integre a médicos, enfermeras, matronas, ingenieros, arquitectos, economistas… y, por supuesto, a los pacientes.

Nos hacen falta figuras con liderazgo técnico y político, como Edgardo Boeninger, Carlos Massad, Ricardo Lagos, Fernando Monckeberg o Eduardo Frei Ruiz-Tagle. Más que expertos, necesitamos coraje político.

Como dijo un pensador: “Todo fue dicho ya. Pero como nadie escucha, hay que empezar de nuevo”. Es hora de escuchar y actuar. Chile no puede seguir esperando.


Artículo publicado en El Libero el 10 de agosto de 2025