martes, 23 de diciembre de 2025

Salud: ¿Aquí pasó lo de siempre?

“Señores Guardias Civiles,
aquí pasó lo de siempre:
murieron cuatro romanos
y cinco cartagineses”.

Federico García Lorca


Los graves problemas que hoy enfrenta la salud en Chile evocan inevitablemente estos versos de Federico García Lorca. La pregunta es inevitable: ¿vamos a seguir en lo mismo?

El legado que recibirá el próximo Gobierno en materia de salud constituye uno de los mayores desafíos de políticas públicas de las últimas décadas. Las cifras son elocuentes y alarmantes: más de dos millones de pacientes en listas de espera; cerca de quince mil personas con tratamientos oncológicos atrasados; alrededor de treinta mil fallecimientos de pacientes que aguardaban una consulta con un especialista o una cirugía; y reiterados casos de fraude en licencias médicas.

Estos problemas no son responsabilidad exclusiva de la actual administración. Son, más bien, el resultado de políticas erróneas sostenidas en el tiempo y de dogmatismos extremos, como la consigna de “salud igualitaria para todos”. ¿Quién podría oponerse a tan noble propósito? Sin embargo, esa declaración —presente en el programa del actual Gobierno— ha chocado frontalmente con la compleja realidad del sistema de salud chileno, que históricamente ha sido mixto: seguros públicos y privados, mutualidades, cajas de compensación y prestadores diversos. La pandemia demostró que cuando el sistema trabaja en equipo, los resultados mejoran.

La salud es tarea de todos. Se requiere capacidad de diálogo y humildad para reconocer que ciertas políticas públicas no han dado los resultados esperados y que es indispensable un nuevo enfoque, acorde al desarrollo tecnológico, administrativo y económico del siglo XXI. Ya no vivimos la era de los grandes hospitales y los grandes maestros que marcaron la historia de la medicina. Vivimos la era de la tecnología, del envejecimiento poblacional y de nuevos desafíos sanitarios: obesidad infantil, alcoholismo juvenil, problemas de salud mental, salud bucal deficitaria, entre muchos otros.

El primer aspecto clave es definir, sin ambigüedades, que el paciente debe estar en el centro de la política pública de salud. La captura monopólica del sistema por parte del Estado, mediante seguros públicos excluyentes, no soluciona los problemas: aumenta la burocracia y abre espacios a la corrupción y al mal uso de recursos. La libertad de elección del paciente, a través de subsidios directos a las personas para acceder oportunamente a prestadores públicos o privados, es una piedra angular para avanzar. Este enfoque no solo promueve equidad real, sino que además maximiza el uso de los recursos disponibles. De lograrse, las listas de espera simplemente no existirían.

El segundo aspecto fundamental es la modernización del Estado, proceso al que se opone parte del establishment porque considera que la salud “les pertenece”. Es imprescindible entender que salud —como ausencia de enfermedad— es un trabajo multidisciplinario que involucra médicos, enfermeras, obstetras, otros profesionales de la salud, pero también arquitectos, ingenieros, economistas y gestores. No es lo mismo salud que medicina: la primera es prevención y gestión; la segunda, curación.

No podemos seguir con un Estado diseñado en los años sesenta. Se requiere un Ministerio de Salud con una visión estratégica y “macro”, liderado por un ministro asesorado por un comité consultivo multidisciplinario; una estructura moderna con vicepresidencias ejecutivas por áreas; hospitales con gerencias profesionales y directorios capaces de atraer inversión privada y beneficencia; y participación de los trabajadores de la salud para mejorar la productividad, que hoy es cerca de la mitad de la del sector privado. Asimismo, es urgente una revisión severa de las compras públicas, donde existen importantes fugas de recursos por bases mal diseñadas y compromisos comerciales inadecuados. En conjunto con los decanos de las Facultades de Medicina, debe planificarse la formación y capacitación de los profesionales de la salud según las necesidades reales del país como la distribución de los campus clínicos.

El tercer eje estratégico es la educación sanitaria y la prevención, donde debiera concentrarse el foco del gasto. Una Red Nacional Preventiva en Salud debe integrar a mutuales, cajas de compensación y centros de salud familiar. La medicina familiar, la educación nutricional, el uso intensivo de tecnologías diagnósticas —como mamografías y colonoscopías—, los programas deportivos como Elige Vivir Sano, la salud mental y la salud bucal deben ser pilares esenciales de una política sanitaria moderna. Frente al grave déficit en educación sanitaria, cabe preguntarse: ¿podría un servicio militar social remunerado, similar al modelo israelí, ser una herramienta eficaz para enfrentar el alcoholismo y la drogadicción juvenil?

A pesar de que el gasto en salud se ha duplicado en la última década, los resultados son deplorables. Es tiempo de razonar, reflexionar y corregir el rumbo. El próximo Gobierno enfrenta la difícil misión de elegir un ministro con verdadera visión de Estado, capacidad de trabajo en equipo y una personalidad firme para liderar un sector altamente conflictivo y lleno de intereses.

Mejorar la salud en Chile es, sin duda, una lucha quijotesca. Llevo años escribiendo columnas y artículos con el único propósito de contribuir a la discusión y a la búsqueda de soluciones para un sistema que no puede seguir haciendo “lo de siempre”.


Jaime Calderón Riveros
Ingeniero Comercial


Santiago, 23 de diciembre de 2025


Artículo publicado en El Mostrador del domingo 28 de diciembre del 2025
Link https://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/columnas/2025/12/28/salud-aqui-paso-lo-de-siempre/

jueves, 18 de diciembre de 2025

Salud: ¿Coraje político o seguimos en lo mismo?

Jaime Calderón Riveros
Ingeniero Comercial (Fen U de Chile)


Chile es un gran país y su gente es maravillosa. Un ejemplo de ello es Iván Moreno López, quien fue el primer atleta chileno en cronometrar 10 segundos en los 100 metros planos. Participó en los Juegos Olímpicos de Tokio 1964 y México 1968 en las pruebas de 100 y 200 metros, siendo reconocido como “el atleta blanco más rápido del mundo”.

Recientemente, y después de cumplir 75 años, logró concretar el sueño de todo maratonista: completar las World Marathon Majors (WMM) —Tokio, Boston, París, Londres, Berlín y Nueva York— ganando su serie en esta última con 82 años. ¡Qué ejemplo de vida!

Soy corredor aficionado y en alguna carrera he tenido el privilegio de compartir ruta con él. Llego a mi casa y digo, con orgullo algo insolente: “corrí con Iván Moreno López, atleta olímpico” … claro que bastante más atrás. Un lindo sueño.

Cuento esta historia porque en Chile tenemos sueños pendientes, y uno de ellos —grave, muy grave— es la salud. Resulta inaceptable que, para el nivel de desarrollo que ha alcanzado el país, existan más de dos millones de personas en listas de espera, más de quince mil pacientes con cáncer con atención diferida, y que treinta mil chilenos mueran cada año esperando una consulta con un especialista o una cirugía. Todo esto mientras observamos inversiones hospitalarias subutilizadas, un intento por destruir el sistema de salud privado sin mayor defensa —salvo contadas excepciones— y una preocupante indiferencia colectiva.

Me pregunto si seguiremos anclados en el discurso de que el Estado es dueño de los pacientes, negándoles el derecho básico de elegir libremente su seguro de salud, sea público o privado, traspasando esa decisión al burócrata de turno. Existe una vieja escuela de sanidad pública formada en los años 50, época de grandes hospitales y maestros que dejaron un legado invaluable, el cual debemos respetar. Pero respetar no significa no avanzar. Hoy contamos con herramientas modernas de tecnología, gestión y economía que no estamos utilizando.

Incluso el NHS inglés, cuna de la salud universal, ha debido evolucionar e incorporar seguros privados para enfrentar las listas de espera. Un camino más eficiente sería subsidiar directamente a las personas, garantizando acceso oportuno y equitativo, sin discriminación ni exclusiones por preexistencias. Un sistema donde lo público y lo privado colaboren para eliminar las listas de espera. La libre elección del seguro es la piedra angular para comenzar a avanzar en salud.

Resulta inconcebible que, con el nivel actual de desarrollo informático, persista el fraude en licencias médicas sin que se activen alertas oportunas. Existen múltiples estudios y recursos invertidos en la modernización del Estado, pero en salud no se avanza. Predominan los intereses corporativos de los gremios por sobre el interés del paciente, que debiera ser el eje central de toda política pública sanitaria.

No podemos seguir con un ministerio anclado en el pasado. Se requiere un Ministerio de Salud 2.0: con vicepresidencias ejecutivas por áreas, un ministro con visión estratégica apoyado por un equipo multidisciplinario reducido, hospitales con gerencias profesionales, directorios capaces de atraer inversión privada y filantrópica, e incorporación de los trabajadores de la salud en los resultados, mejorando sus condiciones económicas y fortaleciendo la carrera funcionaria y mejorando su productividad. Es necesario concesionar no solo la construcción hospitalaria, sino también la gestión integral de la red pública de salud. Hay un grave problema con las compras públicas en salud. La modernización del Estado es urgente.

La educación sanitaria y la prevención deben ser el foco del gasto en salud. Incorporar tecnología preventiva —mamografías, colonoscopias, diagnóstico por imágenes— en un sistema financiado por los sectores público y privado. Un sistema nacional preventivo articulado a través de Cesfam, mutuales de seguridad, Cajas de Compensación y la red hospitalaria, con énfasis en medicina familiar, nutrición, actividad física y salud mental. Programas como Elige Vivir Sano, Sonrisa Mujer o Sonrisas que Sanan deben fortalecerse.

Chile enfrenta graves problemas de obesidad infantil, alcoholismo juvenil y drogadicción. Cabe preguntarse si un servicio militar social remunerado, como en Israel, podría ser una herramienta eficaz de Estado para mejorar la sanidad pública y la cohesión social.

Se necesita liderazgo político, visión de largo plazo, trabajo en equipo y un gran acuerdo público-privado que permita avanzar en salud y dejar atrás el ideologismo. Existe un fuerte establishment que impide los cambios necesarios para poner la salud a la altura del desarrollo de Chile. La tarea es urgente y, con la llegada de un nuevo gobierno, se abre una nueva oportunidad. Que Dios ilumine al nuevo Gobierno.

Comencé esta columna relatando una bella historia. Ahora los dejo: voy a entrenar, a mejorar mi ritmo, con la esperanza de que en alguna carrera vuelva a divisar a Iván Moreno López, aunque sea de lejos.
De sueños vive el hombre; una vida sin sueños es triste y gris.


Santiago, 18 de diciembre de 2025


Artículo publicado en El Libero del domingo 21 de diciembre.

jueves, 4 de diciembre de 2025

¿Arreglemos la salud?… un gran acuerdo nacional

Jaime Calderón Riveros
Ingeniero Comercial (Fen Universidad de Chile)


Las concesiones son una herramienta trascendente en modernizar el sector salud donde concesionar la ficha única universal es un gran desafío de la ingeniería.

No importa si el gato es blanco o negro, si caza ratones, es un buen gato. Esta es la teoría pragmática de Deng Xiaoping, primer ministro chino que, a través de su visión, sacó a millones de chinos de la pobreza aplicando principios del capitalismo en un régimen comunista. Un ejemplo claro de que, más allá de la ideología, lo que realmente importa son los resultados concretos.

En Chile, lamentablemente, el fracaso de las políticas públicas en salud no es un fenómeno nuevo. Ha sido el resultado de décadas de un modelo de sanidad que no ha avanzado al ritmo de la tecnología, la administración moderna ni las demandas económicas del país. Este modelo, centrado en la idea de que la salud es un bien social exclusivamente manejado por el Estado, ha generado un estancamiento en la atención, y no ha logrado evolucionar hacia un sistema más dinámico y eficiente.

El enfoque histórico de la medicina, con grandes hospitales públicos y una estructura jerárquica de médicos formados por grandes maestros, ha sido admirable y sigue siendo digno de respeto. Pero el mundo avanza, y con él, los modelos de atención médica. Nace la medicina privada, las grandes clínicas e inversiones privadas, la creación de mutualidades, y la revolución tecnológica en la salud, con avances de magnitud mundial. Incluso el NHS británico, que comenzó en 1948 con la promesa de una cobertura universal, hoy enfrenta desafíos ante la creciente demanda, lo que ha dado lugar a la expansión de seguros privados.

La pregunta que nos surge es: ¿vamos a seguir haciendo lo mismo en Chile? Recordemos que somos un país joven, con poco más de 200 años de historia independiente. Tal vez ha llegado el momento de repensar y corregir el rumbo de nuestra salud pública. Un nuevo gobierno, como el que estamos a punto de iniciar, se presenta como una oportunidad única para sincerar los problemas y proponer soluciones reales.

Lo primero que debemos tener claro es que el objetivo de todo sistema de salud debe ser el paciente. Acceso igualitario, oportuno y sin exclusiones es lo que todos los ciudadanos merecen, independientemente de su situación económica, tal como lo estipulan los acuerdos internacionales suscritos por Chile. Este principio es el primer pilar sobre el que debemos edificar cualquier reforma. El juramento hipocrático de los médicos, que pone al paciente como el centro de la atención, debe ser el faro que guíe nuestras políticas.

En segundo lugar, tenemos a los trabajadores de la salud, que integran un sector multidisciplinario único, donde médicos, enfermeras, matronas, nutricionistas, ingenieros, arquitectos y economistas, entre otros, trabajan juntos. Es difícil encontrar un sector con la diversidad tan amplia de profesionales, lo que, si se maneja bien, puede ser una ventaja para el sistema. Sin embargo, uno de los grandes obstáculos que enfrentamos es la falta de cohesión en que cada gremio o profesional. La alta rotación de directores médicos, la resistencia a la modernización como por ejemplo las concesiones y tener gerentes profesionales empoderados en hospitales públicos son solo algunos ejemplos de la fragmentación que tenemos que superar.

Nos enfrentamos también a la politización del sector, con gremios que ejercen una presión enorme sobre las decisiones políticas y, en muchos casos, usan la salud pública como una plataforma para sus intereses. Esto debe cambiar, pues la carrera política y la gestión de la salud no deben entrelazarse. Chile necesita un sistema de salud gestionado con criterio de Estado, con visión de largo plazo y con una orientación clara hacia la productividad y la eficiencia.

En suma, el primer gran nudo de la reforma debe ser la creación de un sistema que permita que los pacientes elijan libremente el tipo de seguro y atención que desean recibir, ya sea público, privado o una combinación de ambos. Es fundamental que se legitimen tanto los sistemas de salud pública como los privados.La centralización del poder en el Estado, como si fuese el único dueño de la salud de los ciudadanos, debe terminar. El paciente debe ser el verdadero dueño de su atención.

El segundo paso es mejorar la calidad de la salud pública. Es necesario reformar la estructura orgánica del Ministerio de Salud, que todavía sigue un modelo de los años 60, y transformarlo en una institución moderna, con vicepresidencias ejecutivas, comités asesores multidisciplinarios y, lo más importante, hospitales públicos gestionados de forma profesional. Los hospitales deberían ser tratados como empresas de servicio público, con directorios y gerencias profesionales, capaces de atraer inversión privada y de beneficencia. Las concesiones juegan un rol sustantivo en racionalizar la inversión y no debemos olvidar la digitalización, que puede transformar la eficiencia y la productividad del sistema. Desde la implementación de una ficha única interoperable hasta un sistema electrónico de licencias médicas, debemos incorporar las herramientas modernas para gestionar la salud pública de forma eficiente.

Finalmente, la educación y prevención debe ser un pilar fundamental de la reforma. Crear un sistema integral de prevención sanitaria que involucre tanto a los centros de salud familiar como a las mutualidades y redes hospitalarias públicas y privadas. La obligatoriedad de exámenes preventivos y diagnósticos debe ser parte de nuestra cultura de salud. Diagnóstico por imágenes, mamografías, colonoscopias, consultas con especialistas y exámenes de laboratorio deben ser accesibles y promovidos, no solo por el sector público, sino también por las empresas privadas y las municipalidades.

Este gran acuerdo nacional de salud debe ser inclusivo, convocando a todos los trabajadores y profesionales de la salud a trabajar por un sistema que sea un verdadero orgullo para todos los chilenos. Solo con voluntad, liderazgo, tolerancia, y un firme compromiso con el bienestar de la población, podremos dejar atrás la división y construir un sistema que brinde acceso a todos, sin importar su situación económica o social.
 

Santiago, diciembre 4, 2025.



martes, 2 de diciembre de 2025

La salud, el gran ausente del debate presidencial

Jaime Mañalich Muxi
Ex ministro de Salud

Jaime Calderón Riveros
Ingeniero Comercial (FEN, Universidad de Chile)


En plena campaña presidencial, cuando la ciudadanía exige soluciones concretas en seguridad, migración y empleo, hay un tema que brilla por su ausencia: la salud. Y no por falta de urgencia. Chile atraviesa una de las crisis sanitarias más profundas de las últimas décadas, fruto de políticas erradas, estructuras anacrónicas y un sistema de seguridad social diseñado para un país que ya no existe.

A ello se suma un fenómeno preocupante: gremios con poder de veto capaces de bloquear reformas necesarias, y una confusión conceptual persistente entre “salud” —bienestar integral— y “medicina”, cuyo foco es curar. La salud moderna requiere equipos multidisciplinarios, desde médicos, enfermeras y matronas, hasta ingenieros, arquitectos y economistas. Sin embargo, hemos permitido que voluntarismos, dogmatismos y liderazgos autorreferentes nos conduzcan a un escenario crítico.

El cambio de gobierno abre una oportunidad que no podemos desperdiciar. En salud conviven dos actores que deben ser aliados y no adversarios: los pacientes, que deben estar al centro, y los trabajadores del sistema, que lo sostienen día a día. Sin una alianza entre ambos, cualquier reforma está condenada al fracaso.


1. La decisión que ninguna campaña quiere enfrentar

La piedra angular de una reforma real es una definición simple y, al mismo tiempo, políticamente incómoda:
¿Seguiremos con un seguro único estatal que “posee” a los pacientes, o permitiremos que las personas elijan libremente entre seguros públicos y privados?

Esta no es una discusión ideológica; es una discusión sobre dignidad, libertad y eficiencia. El rol del Estado debe centrarse en subsidiar directamente a las personas, para que elijan el seguro que mejor responda a sus necesidades. Esa sola medida mejora la asignación de recursos y reduce inequidades.


2. Un Estado en salud del siglo XXI

La estructura sanitaria pública requiere una modernización profunda. No es posible gestionar un sistema complejo con un Ministerio diseñado para la realidad de 1960. Se necesita una orgánica moderna, con vicepresidencias ejecutivas y un ministro apoyado por un consejo multidisciplinario, capaz de pensar estratégicamente.

Los hospitales deben migrar hacia gobiernos corporativos profesionales, con gerencias capaces de atraer inversión privada y filantrópica, transparentar resultados y generar incentivos para mejorar productividad. Concesionar la red hospitalaria no es un dogma, es una herramienta. Sin incentivos adecuados, ningún sistema mejora.

Además, la ficha clínica digital interoperable es urgente. No es un lujo tecnológico: es una vía rápida para reducir listas de espera, optimizar pabellones y gestionar cirugías en tiempo real. A esto se suma la necesidad impostergable de un sistema independiente de evaluación de licencias médicas.


3. La prevención: el frente donde Chile sigue perdiendo

La mayor parte de los problemas sanitarios no nace en los hospitales, sino en la ausencia de educación y prevención. La medicina china lo entendió hace siglos: lo eficaz es actuar antes de que la enfermedad aparezca.

Chile necesita construir una Red Preventiva Nacional, que integre Cesfam, mutualidades y hospitales, apoyada por tecnología diagnóstica —mamografías, colonoscopías, ecografías— y por equipos de salud familiar, nutrición, salud mental, deporte y salud bucal. La prevención no puede seguir siendo el eslogan de siempre: debe ser el centro del modelo.


4. Un seguro catastrófico universal

Para enfermedades de alto costo, la respuesta debe ser simple y solidaria: un seguro catastrófico universal y obligatorio, que proteja a todas las personas sin distinción.


5. Cuidar a quienes nos cuidan

La violencia contra trabajadores de la salud sigue aumentando. Urge un programa robusto que fortalezca la carrera funcionaria y proteja efectivamente a quienes sostienen el sistema. Sin ellos, no hay reforma posible.


Chile lleva años estancado. La salud no puede seguir ausente del debate presidencial ni de la agenda pública. Modernizar el sistema no es una opción técnica: es un imperativo moral y una condición para el desarrollo.

Chile es un gran país. Merece un sistema de salud a su altura.


Santiago, 1 de diciembre de 2025



Columna publicada en El Mercurio el 3 de diciembre del 2025
Link https://www.elmercurio.com/blogs/2025/12/03/129716/el-gran-ausente-del-debate.aspx