“Ningún país, por más rico que sea, está en capacidad de proveer a toda la población todas las tecnologías o intervenciones que podrían mejorar la salud o prolongar la vida” lo definía la Organización Mundial de la Salud (OMS) el año 2010. Esto significa priorizar recursos limitados.
Aquí surgen varias preguntas a resolver. ¿Quiénes van a ser los usuarios o pacientes, y qué tecnologías se van a usar, y quien la define? ¿Cuándo una nueva tecnología es un aporte que incorpora valor agregado? ¿Cuál va a ser la política de medicamentos; mercado o compras masivas del Estado para controlar el precio? ¿Cómo mejorar la eficiencia y evitar el despilfarro y corrupción en salud? ¿Cómo maximizar el presupuesto? Si tengo una droga de alto costo que favorece a unos pocos pacientes con sobrevida de unos pocos años, versus gastar ese dinero en planes preventivos masivos. ¿Quién define la decisión?
Los asesores del BID hablan de una priorización explícita en salud y recomiendan financiar planes específicos, definiendo a quienes financiar, racionalizando el gasto en base a la experiencia y a la evidencia, transparentando y controlando las decisiones. Hay un aumento del gasto en salud por el cambio demográfico, por el cambio epidemiológico y por las nuevas tecnologías que hace necesario enfrentar con una visión técnica de futuro.
En Chile se perdieron veinte y cinco años desde los 2000 en que durante el Gobierno de Ricardo Lagos con la participación del Dr. Hernán Sandoval y “pensando en grande”, con una visión de Estado, se implementó el plan Auge que es una política explícita en salud cuyo objetivo era una cobertura completa de un conjunto de enfermedades donde se asignaban recursos. Había hasta una comisión multidisciplinaria con ingenieros y médicos. Este programa estaba complementado con una modernización del sector público y una herramienta eran las concesiones hospitalarias que le cambiaba el rostro a la salud pública chilena. Todo este notable avance se detuvo por motivos ideológicos, parches y desastrosas políticas públicas en un concepto de una vieja seguridad social que no avanzó con el desarrollo de la tecnología, administración y economía moderna. En el concepto genérico de salud igualitaria se privilegió el monopolio del Estado produciendo un enorme despilfarro de recursos públicos que terminan con la más grave crisis del sector salud en décadas. Se suma a esta grave situación en el sector salud la inédita e inconstitucional intervención de la Corte en políticas públicas y un ideologismo extremo cuyo objetivo es destruir el sector privado a pesar de que en Chile tenemos un sistema mixto en salud que funcionó muy bien durante la pandemia.
Siguiendo los criterios del BID en una política explícita en salud, insisto, y lo que vengo planteando por años, es un gran acuerdo nacional en salud en el marco de un nuevo orden social. En mi opinión, y como aporte sugiero primero definir y legitimar un sistema mixto en salud orientado al paciente, objeto central de toda política pública en salud. Segundo, debemos modernizar severamente al Estado, con un equipo multidisciplinario como se propuso en los 2000, con un ministro que tenga una visión macro con vicepresidencias ejecutivas con metas concretas, hospitales con directorios y gerencias como unidades económicas independientes incorporando la variable productividad, concesionando toda la red hospitalaria, captando inversión privada y de beneficencia. Tercero, crear un plan preventivo en salud “en grande” incorporando los centros de salud familiar (Cesfam), mutuales, hospitales, fundaciones de beneficencia, Inta para enfrentar el grave problema de la obesidad infantil, alcoholismo y drogadicción, salud bucal, salud mental entre otros. La medicina familiar, nutricionistas, matronas, enfermeras tienen mucho que aportar. Pregunto ¿es el servicio militar social pagado (como en Israel) una herramienta de alfabetización sanitaria y cohesión social? Un seguro universal catastrófico y un estatuto especial de los trabajadores de la salud son herramientas para avanzar en salud.
Debemos tener empatía con los graves problemas de la salud que afectan gravemente a los mas desposeídos. El Hospital de Ochagavía denominado “el elefante blanco” que hoy son bodegas, es un ejemplo de excesos y falta de una visión multidisciplinaria en una política pública en salud. El problema de las listas de espera y no conocer su verdadero número, los pacientes con cáncer no atendidos, usar los reales problemas de la salud como plataforma para hacer carrera política, los pacientes en los consultorios, merece una visión más de Estado en salud. De sueños vive el hombre, la vida sin sueños es triste y gris y espero que entre todos avancemos en la solución de los reales problemas de la salud para que todos tengan un acceso igualitario y oportuno a los servicios de salud.