domingo, 7 de junio de 2026

Los 100 años del Dr. Fernando Monckeberg: un legado de mirar la salud con criterio de Estado

Jaime Calderón Riveros
Ingeniero Comercial (Fen, Universidad de Chile)

El Dr. Fernando Monckeberg Barros acaba de cumplir 100 años. Su trayectoria constituye uno de los ejemplos más notables de liderazgo público en la historia reciente de Chile. En los años sesenta, cuando la desnutrición infantil afectaba a gran parte de la población y representaba uno de los principales signos del subdesarrollo, comprendió que el problema exigía una mirada integral y una política de Estado de largo plazo.

Su aporte fue mucho más allá de la medicina clínica. Impulsó programas materno-infantiles, fortaleció el control del niño sano, promovió mejoras en el acceso al agua potable y lideró la creación del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA). Gracias a una estrategia multidimensional y sostenida en el tiempo, Chile logró reducir drásticamente la desnutrición infantil y transformar uno de sus mayores problemas sanitarios en un caso de éxito reconocido internacionalmente.

La principal enseñanza de Monckeberg no radica únicamente en los resultados obtenidos, sino en su capacidad para comprender que los desafíos de salud deben enfrentarse con visión estratégica, coordinación institucional y sentido de urgencia.

Hoy Chile enfrenta una crisis sanitaria de naturaleza distinta, pero igualmente grave. Millones de personas esperan una consulta médica, cientos de miles aguardan una intervención quirúrgica y persisten importantes retrasos en la atención de enfermedades complejas, entre ellas el cáncer. A ello se suman incumplimientos en garantías Ges de acceso y crecientes dificultades de gestión en la red asistencial.

Sin embargo, el debate público suele concentrarse en la estructura institucional del sistema más que en los resultados para los pacientes. Con frecuencia se discute quién administra los recursos, pero menos cómo garantizar una atención oportuna, de calidad y centrada en las personas. El paciente debería ser el eje de toda política pública de salud, independientemente de si recibe atención a través de un seguro público o privado. Lo relevante no es la naturaleza del prestador, sino la capacidad efectiva de resolver los problemas de salud de los ciudadanos.

Para avanzar se requiere liderazgo político y una profunda modernización del Estado. El Ministerio de Salud debe fortalecer su capacidad estratégica y apoyarse en equipos multidisciplinarios que integren médicos, enfermeras, arquitectos, ingenieros, economistas y especialistas en gestión pública. Los hospitales necesitan modelos de gobernanza corporativa más modernos, con directorios profesionales y mayores herramientas de gestión que permitan aprovechar eficientemente los recursos disponibles.

Asimismo, resulta indispensable acelerar la transformación digital del sistema. Una ficha clínica interoperable entre los sectores público y privado, mejores sistemas de información para gestionar listas de espera y mecanismos más eficientes de control de licencias médicas permitirían mejorar significativamente la productividad del sector. Del mismo modo, la revisión de los procesos de compras públicas constituye una necesidad urgente para reducir mal uso de recursos públicos, evitar conflictos de interés y optimizar el uso de recursos siempre escasos.

Pero ninguna reforma sanitaria será suficiente si no se fortalece la prevención. La salud no comienza en el hospital; comienza en el entorno de las personas. La educación sanitaria, la medicina familiar, los programas de nutrición, los exámenes preventivos, el diagnóstico temprano y la coordinación entre atención primaria, hospitales, mutualidades y sector privado deben transformarse en pilares permanentes de una política de salud moderna.

El legado de Fernando Monckeberg demuestra que los grandes desafíos nacionales pueden superarse cuando existe visión de Estado, liderazgo técnico y capacidad de construir acuerdos amplios. Chile ya lo hizo una vez frente a la desnutrición infantil. La pregunta es si tendrá la misma determinación para enfrentar la crisis sanitaria del siglo XXI.

A cien años de su nacimiento, la mejor manera de homenajear al Dr. Monckeberg no es sólo recordar su obra, sino recuperar su forma de pensar: poner los problemas reales de las personas por encima de las diferencias ideológicas y actuar con la convicción de que los grandes cambios requieren mirar más allá de un gobierno y pensar en las próximas generaciones.


Santiago, junio de 2026

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