Jaime Calderón Riveros
Ingeniero Comercial (Fen Universidad de Chile)
"Cada vez que un paciente recibe un diagnóstico mediante una resonancia magnética, es intervenido con cirugía robótica o se beneficia de un sistema de inteligencia artificial que apoya una decisión clínica, existe un protagonista silencioso detrás de ese avance: la ingeniería."
La historia del progreso de la medicina es, en gran medida, también la historia del desarrollo de la ingeniería. Detrás de cada gran avance diagnóstico, terapéutico o quirúrgico existe la capacidad del ingenio humano para transformar el conocimiento científico en soluciones concretas que mejoran la vida de las personas.
Desde el descubrimiento de los rayos X por Wilhelm Conrad Röntgen en 1895 hasta el desarrollo de la resonancia magnética, la cirugía mínimamente invasiva, la robótica y la inteligencia artificial, la ingeniería ha sido protagonista silenciosa de una de las mayores revoluciones de la humanidad: aumentar la esperanza y la calidad de vida.
La medicina contemporánea sería inconcebible sin el aporte de ingenieros electrónicos, mecánicos, biomédicos, informáticos, civiles, industriales y arquitectos, quienes participan en el diseño de hospitales, equipamiento de alta complejidad, sistemas de información clínica, telecomunicaciones, automatización de procesos y desarrollo de tecnologías que permiten diagnósticos cada vez más precisos y tratamientos menos invasivos.
Hoy estamos ingresando a una nueva revolución tecnológica. La inteligencia artificial, el análisis masivo de datos, la medicina personalizada, la robótica, la nanotecnología y la digitalización de los sistemas sanitarios están modificando profundamente la forma de prevenir, diagnosticar y tratar las enfermedades. Al mismo tiempo, estas herramientas permiten optimizar la gestión de los recursos, aspecto indispensable para responder al acelerado envejecimiento de la población y al aumento de las enfermedades crónicas.
En este escenario, la ingeniería deja de ser un apoyo complementario para transformarse en un actor estratégico del sistema de salud.
Chile enfrenta una realidad que exige cambios profundos. Millones de prestaciones permanecen en listas de espera, miles de cirugías se postergan por largos períodos y la presión asistencial aumenta año tras año. Estos problemas no obedecen únicamente a la escasez de recursos económicos; también reflejan importantes deficiencias de organización, gestión, coordinación institucional e incorporación de nuevas tecnologías.
La salud moderna requiere comprender que curar enfermedades constituye solo una parte del desafío. Un sistema sanitario eficiente debe integrar prevención, promoción, diagnóstico oportuno, tratamiento, rehabilitación y gestión de la información, articulando el trabajo de médicos, enfermeras, profesionales de la salud, ingenieros, arquitectos, economistas y administradores bajo un objetivo común: ofrecer una atención centrada en el paciente.
La ingeniería aporta precisamente aquellas competencias que permiten diseñar procesos eficientes, optimizar recursos, medir resultados, reducir tiempos de espera y aplicar innovación tecnológica con criterios de costo-efectividad. Estas capacidades resultan indispensables para construir organizaciones sanitarias sostenibles.
Uno de los mayores desafíos nacionales es la implementación definitiva de una ficha clínica electrónica interoperable entre todos los prestadores públicos y privados. La disponibilidad de información clínica integrada permitiría mejorar la continuidad asistencial, reducir duplicidad de exámenes, optimizar la utilización de los recursos y disponer de mecanismos mucho más eficaces para administrar listas de espera y fiscalizar procesos administrativos, entre ellos el otorgamiento de licencias médicas.
Paralelamente, la ingeniería biomédica continuará adquiriendo un papel cada vez más relevante en la administración del equipamiento hospitalario de alta complejidad, mientras que la ingeniería informática liderará el desarrollo de plataformas digitales, ciberseguridad y sistemas inteligentes de apoyo a las decisiones clínicas.
La arquitectura hospitalaria también constituye un componente esencial de esta transformación. Los hospitales del siglo XXI deben ser espacios funcionales, resilientes, energéticamente eficientes y orientados al bienestar de pacientes, familias y equipos de salud. La infraestructura sanitaria deja de ser únicamente una obra física para convertirse en un instrumento terapéutico y de humanización de la atención.
En materia de gestión, Chile también tiene la oportunidad de fortalecer modelos de administración hospitalaria con mayor autonomía técnica, gobiernos corporativos profesionales y mecanismos modernos de evaluación de desempeño, que permitan aprovechar mejor los recursos públicos e incorporar nuevas formas de colaboración con universidades, centros de investigación, fundaciones y sector privado, siempre bajo adecuados estándares de transparencia y control.
La experiencia internacional demuestra que los países que han alcanzado mejores resultados sanitarios son aquellos que han logrado integrar ciencia, ingeniería, innovación, administración y medicina dentro de una visión estratégica de largo plazo. La salud ya no depende exclusivamente del conocimiento clínico; depende igualmente de la calidad de los sistemas que sostienen ese conocimiento.
Como ingenieros, tenemos la responsabilidad de contribuir activamente a esa transformación. Nuestra profesión ha sido históricamente un motor del desarrollo nacional y posee las herramientas para enfrentar algunos de los principales desafíos que hoy enfrenta el sistema sanitario: digitalización, automatización, eficiencia operacional, sustentabilidad, inteligencia artificial y gestión basada en evidencia.
La ingeniería no reemplaza a la medicina; la potencia. Ambas disciplinas comparten un mismo propósito: mejorar la vida de las personas. Fortalecer esta alianza representa una oportunidad histórica para construir un sistema de salud más moderno, eficiente, transparente y equitativo.
Chile posee el talento profesional, la capacidad tecnológica y las instituciones necesarias para avanzar en esa dirección. Lo que se requiere ahora es visión, liderazgo y decisión para incorporar plenamente la ingeniería como uno de los pilares del desarrollo sanitario del país.
Porque un mejor sistema de salud no será solo el resultado de más hospitales o más recursos, sino también de mejores procesos, mejor tecnología y mejor gestión. En todos esos ámbitos, la ingeniería tiene mucho que aportar.
Santiago, julio de 2026
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