miércoles, 26 de agosto de 2026

Los ejes de la salud

Jaime Calderón Riveros
Ingeniero Comercial (Fen Universidad de Chile)


La reciente discusión sobre la modernización del Estado ofrece una nueva oportunidad para abordar uno de los desafíos más urgentes de Chile: modernizar nuestro sistema de salud con una verdadera visión de Estado.

Durante décadas hemos acumulado problemas que parecen no tener solución: listas de espera, cirugías postergadas, garantías GES incumplidas y hospitales cuya capacidad no siempre se utiliza plenamente. Todo ello ocurre pese al aumento de los recursos destinados a salud. La pregunta es inevitable: ¿qué hemos hecho mal?

El punto de partida debe ser simple: el paciente. El objetivo de un sistema sanitario no puede ser defender una determinada estructura administrativa o ideológica, sino resolver oportunamente las necesidades de las personas. Más que discutir quién tiene la razón, debemos preguntarnos qué funciona y permite que un paciente sea diagnosticado, tratado y recuperado a tiempo.

El mundo ha cambiado y la medicina también. La inteligencia artificial, la robótica, las nuevas tecnologías diagnósticas y la digitalización están transformando la atención sanitaria. A ello se suma el envejecimiento de la población, que exigirá nuevas respuestas.

Nuestro sistema debe adaptarse. El Ministerio de Salud requiere capacidades tecnológicas, especializadas y dinámicas. Los hospitales necesitan mejor gestión, gobiernos corporativos y equipos orientados a resultados. La discusión no debería ser público versus privado, sino cómo utilizar todas las capacidades disponibles en beneficio del paciente.

El segundo eje es el financiamiento. El envejecimiento y el desarrollo tecnológico aumentarán las necesidades y los costos sanitarios. Chile debe discutir cómo financiar su sistema durante las próximas décadas. Un sistema mixto puede combinar instrumentos públicos y privados, seguros complementarios y mecanismos de compensación de riesgos. La solidaridad intergeneracional debe ser parte de esta discusión.

El tercer eje es la transformación digital y la gestión. Una ficha clínica electrónica interoperable permitiría que la información acompañe al paciente en los distintos niveles de atención. También debemos modernizar las compras públicas, coordinando mejor al Ministerio, los servicios de salud y los organismos de abastecimiento, aprovechando economías de escala y mejorando eficiencia y transparencia.

Pero ninguna modernización será suficiente si olvidamos a quienes hacen funcionar el sistema. Las nuevas tecnologías exigen profesionales capacitados, infraestructura adecuada y evaluación rigurosa. No toda innovación significa progreso sanitario. La pregunta debe ser siempre: ¿mejora realmente los resultados para el paciente?

Universidades, facultades de Medicina y sociedades científicas tienen aquí un papel fundamental, al igual que la arquitectura y la ingeniería hospitalaria. Un hospital no es solamente un edificio: es un sistema donde interactúan personas, tecnología, infraestructura, procesos clínicos y logística. Debemos diseñar establecimientos capaces de responder a las necesidades futuras.

Finalmente, existe un eje muchas veces relegado: la prevención.

Los problemas de salud no comienzan en el hospital, sino en el hogar, la escuela, el trabajo y el entorno. Chile necesita una política nacional de prevención que integre nutrición, actividad física, salud bucal, salud mental, medicina familiar y controles preventivos. La obesidad infantil demuestra la urgencia de actuar antes de que aparezca la enfermedad.

La educación sanitaria debe utilizar también redes sociales, plataformas digitales y televisión. La prevención debe involucrar al sector público y privado, mutualidades, comunidades educativas y empleadores.

Chile enfrenta una transición sanitaria y demográfica de enorme magnitud. No podemos responder a los desafíos del futuro con las mismas estructuras del pasado.

La modernización de la salud requiere tecnología, gestión, financiamiento, infraestructura, formación profesional y prevención. Pero, por sobre todo, requiere cambiar la pregunta.

No debemos preguntarnos primero qué sistema defendemos, sino qué necesita el paciente y cuál es la manera más eficiente, oportuna y sostenible de entregárselo.

Ese debería ser el verdadero punto de encuentro.

El paciente y los trabajadores de la salud deben estar en el centro de una política sanitaria de Estado.


Santiago, 26 de agosto de 2026

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